Papá observaba con una cautela apenas disimulada cada movimiento de Demián. Se notaba que una pregunta le rondaba en la cabeza, una inquietud que no hallaba la forma correcta de verbalizar. Su mirada, cargada de una mezcla de curiosidad y protección, seguía a Demián como una sombra.
—¿Desea preguntarme algo? —La voz grave de Demián, inesperadamente, me sacó de mis pensamientos. ¿Cómo se había dado cuenta? Mis ojos se abrieron ligeramente, sorprendidos por su perspicacia—. Supongo que sabe algo y no sabe cómo decirlo. He notado que no ha dejado de mirarme desde que he salido de la habitación de su hija.
Rápidamente, la mirada de mi madre se posó en la mía, una señal de que también había percibido la tensión en el ambiente. La situación, de repente, adquirió una seriedad palpable.
—Prefiero conversar con usted a solas —dijo papá, su tono firme pero contenido.
En otras circunstancias, esas palabras me habrían provocado un nudo en el estómago, un nerviosismo familiar ante la perspectiva de un interrogatorio paterno. Sin embargo, en ese momento, una profunda confianza en Demián me invadió. Sabía, con certeza, que él no era el tipo de hombre que faltaría al respeto o me dejaría en ridículo. Su inteligencia, mucho más aguda de lo que imaginaba, le había permitido darse cuenta de las intenciones de mi padre. Y lo que más me atrajo fue la audacia con la que se atrevió a preguntar, sin esperar una respuesta condescendiente.
—¡Hasta aquí se escucharon tus gemidos! —soltó Emma, persiguiéndome a la cocina en busca de más jugo. Sus palabras, repentinas y ruidosas, me tomaron por sorpresa.
—¡¿Qué?! —exclamé, sintiendo un rubor subir por mis mejillas.
—Es mentira, hermana, solo quería rectificar que te han dado una buena follada —añadió, su risa traviesa resonando en la cocina.
—Emma, no hagas eso, me has asustado —le reprendí, aunque una sonrisa boba se dibujaba en mis labios.
—Tranquila, que ellos no notaron nada —me aseguró, como si leyera mis pensamientos—. Me encargué de decir que estaban peleados y que estaban arreglando las cosas.
—Es que así fue —murmuré, sintiendo cómo el calor de la vergüenza se mezclaba con el de la satisfacción.
—Hasta yo quisiera arreglar mis problemas con sexo, es muy divertido y placentero —comentó Emma, con una picardía innegable.
—Bueno, hermanita, cabrea a Demián para que te dé la follada del año —le animé, entrando en su juego.
—Tranquila que ya me las da sin molestarse —respondió, con una confianza que me hizo reír.
—¡¡Hey!! —La golpeé suavemente en el brazo, entre risas.
—Tú preguntaste —dijo Emma, encogiéndose de hombros con una sonrisa pícara.
Después de la cena, vi a Demián y a mi padre dirigirse hacia mi habitación. Era una señal inequívoca de que se avecinaba una charla, probablemente de unos diez o quince minutos. Con la intención de darles espacio, decidí recoger los platos y llevarlos a la cocina para limpiar el pequeño desastre que habíamos dejado.
—Mamá está cargando a Byron... —Valeria entró a la cocina, sorprendiéndonos a Emma y a mí.
—Debe estar en un mal momento —bromeó Emma, con una sonrisa pícara.
—No seas así —la reprendí suavemente—. Quizás solo quiere apreciar y amar a su querido nieto de la forma en la que él se lo merece.
—Lo de "querido" puedes eliminarlo. Mamá nunca verá a mi hijo con el mismo amor con el que ve a los de Byron, porque hay que ser conscientes de que esos sí fueron planeados.
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Quédate.
Novela JuvenilEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
