Capítulo 16.

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El eco de mis pasos resonaba suavemente contra el pavimento, un ritmo constante que acompañaba mi contemplativa caminata. Aún no sentía el llamado apremiante de Seattle, aunque la sombra de los exámenes finales se alargaba sobre mi horizonte académico. La dualidad de estudiar y trabajar, unida a la enigmática presencia de Demián, tejía un tapiz de agotamiento en mi vida.

Demián y yo compartíamos el trayecto hacia su empresa, un destino impuesto por la inesperada convocatoria de su padrino. Mi atuendo, lejos de la pulcritud corporativa, contrastaba con la formalidad del entorno, pero mi silencio era un manto de discreción.

—Si deseas atender los asuntos de tu padrino, te esperaré en aquella tienda.— señalé con una leve inclinación de cabeza hacia el establecimiento cercano.

—¿Por qué no lo hiciste antes?.— preguntó, su voz teñida de una leve curiosidad.

—La tienda estaba cerrada.— respondo, con sencillez.

— Como prefieras.—  murmuró, para luego adelantarse al edificio.

—Hasta luego.— articulé, aunque mis palabras se perdieron en el aire, destinadas a un Demián que ya había asumido su máscara de frialdad. Su transformación, de la calidez compartida con Fernanda y Alexander a la distante indiferencia, me dejó perpleja. ¿Acaso los celos habían oscurecido su juicio? No lo descartaba, aunque su naturaleza no se prestaba a tales arrebatos. Quizás, simplemente, se había arrepentido de un momento de amabilidad, una anomalía en su carácter.

Con las manos resguardadas en los bolsillos de mi suéter y mi bolso colgando con gracia, me dirigí hacia la tienda, buscando refugio en la tranquilidad de sus confines.

La tienda, un refugio de texturas y colores, me atrajo con la promesa de descubrimientos. "SAM", un nombre que resonaba con una suave melodía desconocida, se mezclaba con el eco familiar de "Erótico", mi marca predilecta. La curiosidad me impulsó a explorar los pasillos, donde una falda de tubo y una blusa beige capturaron mi atención.

—La sudadera te sienta de maravilla.— una voz masculina interrumpió mi contemplación. Con una cortesía innata, devolví la falda a su percha y me giré hacia el origen del cumplido.

—Muchas gracias.— respondo con una ligera reserva, consciente de la presencia de un desconocido.

—No deseo incomodarte.—continuó el hombre, su voz cálida y sincera. —Simplemente noté que la sudadera de mi marca te lucía perfecta.

—¿Tu marca?.— pregunto, la sorpresa dibujándose en mi rostro.

La revelación me dejó sin aliento. Ante mí, el hombre de cabello y ojos oscuros me sonreía. Era extraño y a la misma vez satisfactorio.

—Un placer conocerla. Soy Santiago Isaza, diseñador y creador de las marcas SAM y Erótico.

—El placer es mío, Keityn Ross.— respondo, sintiendo un torbellino de emociones. Estaba frente al creador de "Erótico", una figura que había imaginado de mil maneras, pero nunca así.

Confieso que, en mi mente, Santiago Isaza era un hombre mayor, quizás un tanto robusto. La realidad, sin embargo, me había sorprendido con una elegancia y un carisma inesperados. La tierra parecía dispuesta a abrirse bajo mis pies, ansiando engullirme en un momento de asombro y admiración.

—Sorprendida.— preguntó Santiago, su tono impregnado de una suave burla.

—¿Sorprendida?.—repetí, con una risa contenida. Eso se queda corto. Estoy a punto de saltar de alegría.

—Serías la primera en no mostrar asombro.— comenta, con una sonrisa enigmática.

—Entonces, seré la excepción.— respondí con una pizca de picardía. —No me sorprende conocerlo, simplemente me parece peculiar encontrarlo aquí.

Quédate.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora