— Haz lo que te digo, por favor — la voz de Emma, aunque suave, llevaba un matiz de impaciencia dirigida a Damián — solo harás lo que yo digo, sin pretextos.
— Como usted mande, señorita — respondió Damián, sus ojos siguiendo el gesto de Emma cuando una mano se posó sobre su vientre, mientras la otra parecía danzar al ritmo invisible de su trabajo en la computadora.
En breves minutos, la pantalla cobró vida bajo los dedos ágiles de Emma, mostrando imágenes que fluían, revelando la actividad de las cámaras. Damián la observaba con una mirada profunda, a la que Emma respondió con una fugaz sonrisa antes de volver a concentrarse en lo que estaba programando.
— Pueden dejar de mirarme así — se quejó, una sombra de incomodidad cruzando su rostro — Ve y entrega esta tarjeta de memoria a la persona que tu hermano te asignó. — Al notar que Damián se retiraba, volvió su atención hacia nosotros — No es lo que creen, él no es el padre.
— Sí, y yo nací ayer — replicó Damián, con los brazos cruzados sobre el pecho, su incredulidad palpable — te juro que si ese imbécil es el padre, lo haré que se haga cargo.
— No lo es. Así que cálmense — la voz de Emma se elevó ligeramente, denotando su creciente alteración — si lo fuera, ya se lo hubiera dicho a él.
— ¿Damián, no sabes que estás embarazada?
— No, bueno… no sabía hace unos minutos.
Emma volvió su mirada a la computadora, dejándonos sumidos en un desconcierto silencioso.
Si Damián no era el padre de la criatura que crecía en su vientre, ¿quién lo era entonces? Aquel movimiento casi imperceptible que habíamos presenciado justo en el momento en que él llegó, nos dejaba un vasto espacio para la imaginación.
— Hicieron creer que la cámara había sido apagada por un corto circuito, cuando en realidad estaba siendo jaqueada.
Admiraba la agilidad mental de mi hermana, la manera en que abordaba tareas complejas con una aparente facilidad. Sus movimientos eran precisos, sus tácticas, intuitivamente efectivas, sorprendentes en alguien que provenía de un mundo tan distinto como el de la moda.
¿¡Cómo demonios no me había percatado antes de lo fascinante y poderoso que podía ser este mundo oculto!?
— ¡¡No!! — Un grito desgarrador escapó de los labios de Emma — ¡Mierda! — Sus manos se alzaron para cubrir su rostro, como si intentara bloquear la imagen que la pantalla le devolvía — ¡Quien ha robado ha sido Fajardo!
— ¿Lo conoces? — preguntó Demián, su desconcierto evidente ante la repentina revelación.
— Sí, obviamente — respondió Emma, levantándose de la silla con una agitación palpable para dirigirse a Demián con desesperación — Si deseas puedes meterlo en prisión, pero por favor, no lo mates. Sé que si hizo esto fue por una buena razón, su madre tiene cáncer y está a cargo de dos niñas. — Sin esperar una respuesta, salió corriendo de la habitación.
— ¡¡EMMA!! — Intenté seguirla, la sorpresa y la preocupación luchando por imponerse en mi voz — No puedes irte así.
— Llévame al barrio, no puedo permitir que le suceda algo a él. No cuando sé todo lo que han pasado. ¡Sus hijas, su madre! ¿Qué sucederá con ellas? — Su voz estaba cargada de angustia.
— Ambas sabemos que lo arrestarán — le dije con suavidad, intentando calmar su creciente agitación — No intentes forzar las cosas. Sé lo mucho que lo quieres.
— ¿Vas a llevarme? ¿Sí o no? — Su pregunta cortó el aire con una urgencia que no podía ignorar.
Sin más opciones y con una frustración punzante ante su obstinación, decidí acompañarla. No podía dejarla sola, no ahora, con la vida creciendo en su interior.
ESTÁS LEYENDO
Quédate.
Novela JuvenilEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
