—Como ven la casa de Kitty es pequeña a comparación a la que tienen en nueva York, así que les prestare mi departamento por el tiempo que se quedarán aquí.
La sorpresa se dibujó en el rostro de mi hermana mayor, un asombro genuino ante las palabras de Emma.
—¡¿Tu qué?! —exclamó, sus ojos muy abiertos.
Una sonrisa entusiasta se dibujó en los labios de Emma.
—Mi departamento. Keityn y mi cuñado me lo regalaron por el nacimiento de mi bebé. Ella lo compró y él lo amuebló. Yo, en lo personal, no lo he utilizado, así que pueden estar con confianza.
Fue mamá quien intervino por primera vez, con una pregunta que flotaba en el aire.
—¿Y por qué no vives allá?
—Porque no quiero hacerlo aún —respondió Emma, su voz firme.
—Sigues viviendo bajo la teta de Keityn.
Damián, siempre atento, tomó a Emma por los hombros, un gesto silencioso para calmarla antes de que la situación escalara.
—Por el amor al cielo... —me quejé, la frustración invadiéndome—, ¿puedes dejar a Emma tranquila por lo menos el tiempo que van a estar aquí? No pretendo que te la pases discutiendo o haciendo comentarios que puedan ponernos a todos incómodos.
—Keityn, ya... —intervino Emma, intentando suavizar mis palabras—. Déjala que piense lo que desee. Por cierto, hoy, como es el primer día aquí en Seattle, Damián y yo decidimos invitarlos a comer fuera.
Papá, con una reprimenda que no admitía réplica, regañó a mamá mientras yo intentaba quitarle al bebé de los brazos.
—Por favor, no arruines el momento con tus estupideces y sé una buena madre al menos una vez en tu vida... Chicos, vengan, les enseñaré la casa de Emma. Traigan sus cosas para que se arreglen y puedan ducharse para salir.
Emma y Damián caminaron juntos hacia la cocina. Poco después, solo él regresó, entregándome el biberón.
—Mandaré a pedir los tres coches grandes con los guardaespaldas para que sea mucho más fácil.
—Damián... —le sonreí, agradecida—, no hay necesidad.
—Vamos, cuñadita, tú me ayudarás con algo.
Mamá decidió ir a la cocina y, a los pocos minutos, vi a Emma salir de allí. Sabía que no deseaba conversar con mi madre.
—A mí no me regalaste nada cuando di a luz a mi bebé —se quejó Valeria al verme sola.
—Antes no tenía dinero.
—Verdad que ahora te has liado con un millonario.
—No solo ha sido eso. Trabajo por mi cuenta.
✨🔮✨
—¡¡Keityn!!... Un gusto conocerlos a todos —chilló mi querida amiga, Dalila, al ver a mi familia reunida. Su entusiasmo era contagioso.
—Hola, preciosa —le respondí, abrazándola con cariño antes de quitarle el bebé de los brazos. Daily estaba creciendo a pasos agigantados, y eso me llenaba de una alegría inexplicable.
—Sí que son bastantes —continuó Dalila, con una risa—. Mi madre está encantada de poder conocerlos. Ha pasado toda la noche redecorando y buscando el menú perfecto para la celebración.
Papá, con su usual galantería, intervino.: —Me halaga.
—Emma y Keityn siempre hablan maravillas de ustedes —añadió Dalila, con una dulzura que enternecía.
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Quédate.
Genç KurguEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
