Capítulo 72 .

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—Sabes que la bebé no va a responder…— Demián entró a mi habitación, haciéndome sobresaltar.

Hace una hora que Dimitri y Rachel se habían ido a su casa en Nueva York, así que Demián y yo decidimos volver a la mía. Ya no había necesidad de seguir en aquel hotel, no cuando ya lo tenía a él a mi cuidado.

—Sí, pero igual escucha lo que le digo…— me encontraba vistiéndola con un conjunto rosa con blanco.

Lo menos que quería era que llegara su madre y la encontrara mal arreglada.

—Has dejado el biberón en una olla con agua, así que lo he traído.

—Gracias, solo esperaba que se enfriara.— Se lo quité de la mano para tomar a la pequeña en mis brazos.

Me iba a doler en el alma cuando se la llevaran, ya me había encariñado más de lo que imaginaba con la pequeña.

Giré el biberón para echarme dos gotitas de leche en la parte trasera de mi muñeca, la cual hizo que me quemara un poco al notar que seguía aún caliente.

—Toma a la bebé, ya vuelvo.— Se la coloqué en los brazos para salir nuevamente a la cocina.

Enfriar el biberón fue mucho más rápido de lo que tenía planeado durar, así que muy juiciosa volví al cuarto, encontrándome con Demián haciendo pequeños cariñitos en la cara a la bebé.

Así que no es tan gruñón como se ve.

Al parecer, se percató de mi presencia porque volvió a su compostura de macho alfa.

—Dale tú el biberón…— se lo entregué.

—¡¿Estás loca?!— se quejó. —…No le daré esto a la bebé.

—¿Por qué no?

—Porque no quiero.

—Vamos, no seas así.

—Keityn, he dicho que no.

—Si antes no merecías sexo, ahora menos.

—¿Me estás manipulando?

—¿Yo?— Fingí no saber nada.

—¿Cómo se hace esto?— preguntó al cabo de unos minutos.

—No es difícil.— Caminé hacia él para ayudarlo a acomodar la cabeza del bebé en su brazo izquierdo; así sería mucho más fácil darle el biberón.

No sé cómo explicar la sensación que invadió mi cuerpo al verlo alimentar a la pequeña Eda. Todo mi cuerpo había entrado en una especie de burbuja donde solamente eran ellos dos.

Pude percatarme de que los pequeños ojos de Eda no se apartaban de los de Demián ni por un segundo, lo que me garantizaba que estaba tranquila y se sentía segura.

Hasta ahora me doy cuenta de lo mucho que necesito un hijo.

Pensé que no me dolería tocar nuevamente este tema, pero al parecer no, aún esa herida estaba abierta, tan abierta que quemaba cada fibra de mi piel. Demián se veía feliz, mucho más de lo que quería admitir, le gustaba esa sensación de ser padre y sé que él, al igual que yo, desea uno.

Lástima que su primer hijo no será conmigo.

A decir verdad, nunca tendrá un hijo conmigo.

—Puedes ayudarme…— Me entregó a la niña para poder sacarle los gases y él poder ir a ver quién estaba tocando la puerta. —Ya vuelvo.

Era muy claro quiénes eran, así que solo me limité a seguir sacándole los gases a la bebé.

—No sabes cuánto te extrañé…— Alicia apareció en mi campo de visión, haciéndome sonreír. Ya no parecía mi amiga, pues se había hecho un cambio de look. Su cabello estaba completamente corto, hasta su cuello.

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