"Cada día me sorprende más".
No comprendía con exactitud como él se sorprendía al verme, antes había dudado completamente de mí. Por mi parte, si lo estaba. Jamás imaginé que un hombre tan honorable como él frecuentara este tipo de lugares.
"Supongo que las personas con estatus también tienen su momento de relajación y diversión".
-Hay muchas cosas que me sorprende saber de usted, señorita. Pero jamás pensé verla aquí -dijo con una sonrisa que dejaba entrever su sorpresa genuina.
-Muchas gracias, Víctor -tomé la bebida, sintiendo el frío del vaso contra mi piel.
Decidí retomar la conversación, intrigada por su comentario.
-En serio, no comprendo por qué le sorprende que esté aquí.
Él me miró con una expresión pensativa, como si estuviera evaluando mis palabras.
-Solo que no pareces una chica de andar por estos lugares -respondió, encogiéndose de hombros como si estuviera justificando su reacción.
Un ligero escalofrío recorrió mi espalda.
- Si antes creíste que era una prostituta, no comprendo por qué le sorprende que esté aquí. - La provocación en mi voz era innegable. La tensión se sentía en el aire, espesa y electrizante.
-Por lo que veo, aún no lo superas -dijo él, con un tono que mezclaba desafío y comprensión.
¿Superar?. Sus palabras flotaron en el aire, dejándome sin aliento. Era como si cada sílaba estuviera diseñada para desestabilizarme. Este hombre va a hacer que me dé un infarto.
La presión en mi pecho aumentaba mientras intentaba mantener la compostura. Sabía que había más en nuestra historia de lo que ambos queríamos admitir. Su mirada, intensa y penetrante, parecía buscar respuestas que, en ese momento, no estaba dispuesta a dar.
-Realmente lo lamento -suelta, su tono conciliador contrastando con la tensión que se acumulaba entre nosotros.
-No se preocupe, es pasado -respondí, con un gesto desinteresado, aunque por dentro seguía dándole vueltas a la conversación.
¡Pasado nada! pensé, sintiendo cómo la frustración se acumulaba en mi pecho. El silencio se hizo presente mientras mirábamos las luces del club, cada una iluminando un rincón de nuestras emociones no resueltas.
-¿Esperas a alguien? -me preguntó, rompiendo el silencio.
-No... -respondí, tomando un sorbo de mi copa-. Pensé que hoy ligaría con alguien, pero nadie se acercó.
-¿Y yo qué? -aquello me tomó realmente desprevenida. El vino salió disparado de mi nariz, una reacción involuntaria que me hizo sentir completamente expuesta.
-¿¡Quéee!? -exclamé, intentando limpiar el desastre mientras mi mente trataba de procesar lo que acababa de decir.
-¿Usted qué? -le dije, limpiándome rápidamente con una servilleta, aún sin poder creer lo que estaba sucediendo.
-Yo estoy aquí con usted -respondió con una calma sorprendente, mientras me arrebataba la copa y la vaciaba de un trago.
-¡Usted es mi jefe! -protesté, la incredulidad en mi voz resonando en el aire.
-Dentro de la empresa, aquí afuera no -replicó, con un tono desinhibido que me dejó sin palabras.
-Estás demente... -bufé, sintiéndome atrapada en una conversación que no sabía cómo manejar.
-Al parecer, alguien no sabe diferenciar lo laboral de lo personal -dijo, sonriendo de manera provocativa.
Mi mente intentaba encontrar argumentos, pero la verdad era que estaba lidiando con una lógica que no podía negar.
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Quédate.
Roman pour AdolescentsEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
