Caminaba de un lado a otro, intentando en vano desterrar los pensamientos que como sombras persistentes, oscurecían mi ánimo. ¿Debía tomar distancia? La pregunta danzaba en mi mente, un péndulo indeciso entre el sí y el no.
Esta mañana, al despertar, me había reencontrado con aquellos mensajes que, cual dagas invisibles, laceraban mi existencia. ¿Alejarme sería la llave para clausurar este tormento? Quizás sí, tal vez no; la incertidumbre tejía una red a mi alrededor.
-Firme aquí -la joven encargada de las líneas telefónicas extendió una hoja hacia mí.
Una nueva línea, un nuevo comienzo, la promesa de silenciar esas voces intrusas. Tras completar el trámite, regresé a la oficina, dispuesta a sumergirme de nuevo en mis labores de secretaria. Fue entonces cuando el timbre del teléfono anunció la llamada de Kelly, mi confidente, mi faro en la tormenta, quien verificaba nuestra reunión de esa tarde.
-Keityn... -su voz dulce resonó al otro lado de la línea-. Demián quiere que vayas a su oficina.
-Gracias... -susurré, agradecida por su oportuno aviso.
Mi amistad con Kelly era un regalo preciado. Ella era la bondad personificada. Había temido que aquel encuentro íntimo entre nosotras alterara la pureza de nuestro vínculo, pero me había equivocado. Nuestra conexión trascendía lo físico, afianzándose aún más en la comprensión y el cariño mutuo.
Con la firme determinación de solicitar a Demián la posibilidad de retirarme un poco antes, me dirigí a su despacho.
-¿Cambiaste de línea? -preguntó, con una nota de curiosidad en su voz.
-Sí.
-Necesito que agendes todas las reuniones de esta semana, canceles la de España y envíes a Frank a buscar a Milenka al aeropuerto.
-Vaya, que tienes una semana intensa -comenté, al observar la apretada agenda.
-Hoy llegarán Dimitri y Jonatan. Quiero que los trates de maravilla, Bonita.
-Como usted mande, Capitán -respondí con un saludo militar, antes de disponerme a cumplir sus indicaciones.
Parecía que mis planes de salir temprano tendrían que esperar. El pobre Demián estaba desbordado de trabajo. Lo bueno era que la mayoría de sus reuniones serían con sus dos amigos, el ruso y el italiano. Solo esperaba que no fueran tan adustos como mi jefe, porque de ser así, temía que mi cordura se desvanecería como humo en el viento.
Mi paciencia era un cristal delicado, incapaz de soportar ni una pizca de mal humor, mucho menos una dosis doble o triple. Con un suspiro, cancelé las reuniones de España y redacté un mensaje para Frank, uno de los chóferes de Demián, solicitándole que recogiera a Milenka y a sus dos hijos en el aeropuerto. Al parecer, ella era la hermana de Dimitri, el amigo italiano de mi jefe.
-Busca en recursos humanos este documento -me indicó Kelly, entregándome una pequeña nota con un código.
-Enseguida vuelvo.
Tomé el ascensor hacia el quinto piso. Al abrirse las puertas, me encontré con una escena inesperada: una quincena de chicas reunidas, inmersas en sus conversaciones. Todas giraron sus rostros hacia mí al notar mi presencia, creando un silencio incómodo. Sorprendida por el ambiente enrarecido, decidí pasar a un lado y dirigirme directamente al pequeño pasillo que conducía al archivo de documentos.
Ahora entendía por qué apenas veía mujeres a estas horas en los demás pisos.
Los documentos estaban pulcramente organizados por orden alfabético y numérico. Comencé a buscar entre las pequeñas etiquetas hasta que mis ojos se posaron en la clave: B:54. Localicé el área correspondiente y tomé el legajo entre mis manos.
ESTÁS LEYENDO
Quédate.
Teen FictionEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
