Maratón💙2/3💙

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                           Maratón
                                 2/3

Hoy, la casa se preparaba para recibir visitas especiales, así que mientras los técnicos ultimaban la instalación de los sofisticados equipos para el bebé, yo me dedicaba a preparar un almuerzo reconfortante.

—He comprado una casa para mí y para Emma —me confió Damián, revelando sus planes para el pequeño Byron—. Solo espero el momento oportuno para proponerle que comencemos de cero, como una verdadera familia, junto a nuestro hijo.

—¿Crees que ella quiera? —pregunté, con una punzada de incertidumbre.

—Una parte de mí lo anhela con fervor, la otra... no está tan segura.

—No sé qué decirte, Damián. No puedo leer la mente de Emma, desconozco sus pensamientos y sentimientos ahora que Byron ha llegado a sus vidas. Por ahora, ambos deben conversar sinceramente y descubrir lo que realmente desean. Ya no se trata solo de ustedes dos, hay un ser precioso en medio, a quien, quieran o no, deben amar y brindarle todo el afecto del mundo.

—He intentado hablar con ella en varias ocasiones, pero siempre surge algo que nos interrumpe —lamentó con un tono de frustración.

—Invítala a cenar y aborda el tema con delicadeza. Sé que la quieres, Damián. Bueno, ambos lo hacen.

—¿De qué hablan? —Emma apareció en la cocina con una sonrisa luminosa que llenó el espacio de calidez.

—Solo le preguntaba a Keityn cuántos vendrían a comer —mintió Damián con una picardía que me hizo soltar una suave risa.

—¿Ya llegaron con el bebé? —intervine, cambiando de tema con suavidad.

—Las máquinas están listas. El bebé sale del hospital con Demián en cualquier momento.

—Demián parece más el padre que tú... —bromeé, lanzándole una mirada cómplice a Emma.

—Demián prefiere que no estorbe —replicó Damián con un tono ligeramente defensivo—. Además, aún no me he atrevido a cargar al bebé, me da miedo que se rompa, es tan frágil y pequeño.

—Qué cobarde... —se burló Emma con cariño antes de abrazarlo con ternura—. Tranquilo, mi amor, cuando nuestro hijo crezca, se lo contaré.

—¿Por qué siento que le cambiarás muchos detalles a la historia? —preguntó Damián con una ceja alzada.

—Porque así será —respondió Emma con una sonrisa traviesa—. Por cierto, ¿quién va a abrir la puerta? Ya llamaron de recepción.

—Yo lo haré —se ofreció Damián, levantándose de la silla para cederle su lugar a Emma.

—Al fin sirves para algo —comentó Emma con un tono juguetón.

—No seas así —lo reprendí con suavidad.

—Solo es un juego..., ¿verdad, mi amor?

—¡¡Nooo!! —escuchamos el grito de Damián mientras se alejaba hacia la puerta.

Emma, con una felicidad que irradiaba de sus ojos, comenzó a contarme lo dichosa que se sentía de tener al pequeño Byron en casa. También mencionó con entusiasmo que pronto todos nuestros amigos vendrían desde lejos para conocer al bebé en Seattle, todos excepto mi madre, quien, según Emma, aún no deseaba hacerlo.

—Me da rabia que aún no abra los ojos —bufó Emma con un deje de impaciencia—. Quiero saber si heredó el color de ojos de su padre o los míos. Ya basta con que se parezca tanto a él.

Quédate.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora