—¡Eres realmente hermosa!— Susurré, besando la mejilla de la pequeña Eda con una sonrisa que no podía borrar.
Estaba feliz de tenerla entre mis brazos, a pesar de las extrañas circunstancias que nos rodeaban. Una parte de mí anhelaba noticias de Alicia, mientras la otra, más serena, me susurraba que todo estaría bien, que debía calmarme.
—Todo va a estar bien—, repetí en voz baja, como un mantra personal.
Siempre había considerado a Alicia, mi amiga, como la personificación de la belleza. Sin embargo, al conocer a su hija, esa percepción se transformó. Eda era, simplemente, inexplicable. Su esencia misma la hacía lucir impresionante a los ojos de cualquiera que se atreviera a acercarse. Sus ojos grises, su cabello rojizo y esas pecas que salpicaban su rostro la hacían lucir tierna, casi irreal.
Aquel hombre, en su breve visita, solo me había proporcionado tres mudas de ropa, un paquete de pañales y dos biberones. Materiales que, siendo honesta, apenas durarían un día, al menos en lo que respecta a la ropa. Estaba segura de que, si Alicia viera esto, se molestaría al punto de, metafóricamente, enviar a ese sujeto a la muerte.
Con delicadeza, quité la ropa de Eda para ponerle una pijama del pequeño Byron. Necesitaba abrigarla; lo último que deseaba en ese momento era que contrajera un resfriado.
—¿Y esta bebé?— La voz de Valeria irrumpió en la habitación, sobresaltándome.
—¡Me has asustado!— Solté, molesta, mientras abrochaba la parte baja del bodie. —Es hija de Alicia. Ha salido de viaje y me la ha dejado.
—Tu mejor amiga, si mal no recuerdo.
—Exacto.
—¡Qué bebé tan hermosa!— exclamó Valeria, arrodillándose para acercarse a apreciar a la pequeña, que giró su cabeza al escuchar su voz. —¿Estás segura de que esta bebé no es de mentira?
—Es real. De carne y hueso.
—Creo que esta bebé es de otro planeta.
—Es de mi amiga y su esposo.
—Se ve que sí la hicieron con mucho amor.
—Tú sí que inventas, ¿no te cansas?— Me levanté de la cama con la bebé en mis brazos, dirigiéndome a la cocina para prepararle su biberón.
Necesitaba que descansara; ya era tarde. Valeria me siguió, narrándome cada detalle de su reciente cita.
—No es de mi gusto— se quejó. —Me buscaré un blanco, eso de andar con morenos no es lo mío.
—Que no haya funcionado con tu ex pareja no significa que te vaya mal con todos los morenos.
—Tienes razón, aun así, prefiero prevenir y no lamentarme nuevamente.— Tomó una manzana de la nevera, se despidió y salió de la cocina.
“Alicia está en Bélgica, ya vamos de camino hacia allá. Cuídate mucho, bonita. Cuando vuelva seguimos nuestra conversación. Pd: te amo.”
Quisiera responderle con el mismo amor con el que me había escrito aquello, pero lamentablemente no pude. Aún me dolía el hecho de que sería padre con otra persona que no era yo. Así que, simplemente, me limité a darle las gracias y a pedirle que me informara de todo lo que pasara, fuera bueno o malo.
Al despertar, lo primero que hice fue arreglarme, y luego, a la bebé. Necesitaba comprar algunas cosas; si iba a pasar unos días con ella, lo más lógico era que ambas estuviéramos cómodas. Emma seguía molesta conmigo por desaparecer, así que, simplemente, no la invité a acompañarme.
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Quédate.
Ficção AdolescenteEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
