Capítulo 75.

811 62 25
                                        

Siempre había creído que los culpables de hacerme sentir mal eran otras personas, cuando en realidad la culpa era mía. Era agotador para mí estar siempre para todos y que nadie, absolutamente nadie, estuviera para mí. Yo, Keityn Ross, me había encargado de hacer sentir bien a terceros, menos a mí misma. Yo me necesitaba y nunca me había dado cuenta de aquello.

Nunca recibí amor proveniente de mi madre; ella siempre creyó que yo no haría nada por mi vida y que quedaría en la deriva, cosa que agradezco no fue así. Dios se encargó de poner las cosas donde realmente merecían estar.

Amar ya no era divertido; se había vuelto un completo tormento para mí. Acepto que cometí millones de errores, aquellos que habían marcado el rumbo que ahora estaba tejiendo mi vida. El dolor fue mi fuente de inspiración y, ahora que estaba aquí nuevamente, hundida sin saber qué hacer, volví a comprender todo. Sufrir no estaba mal; me hacía entrar en razón y darme cuenta de las cosas.

Volver a vivir aquello en carne propia me hizo darme cuenta de muchas cosas, y entre ellas era que Demián, aquel hombre que yo amaba incondicionalmente con cada latido de mi corazón, había sido una cura a mi alma herida. No lo conocí el día que caí en la cafetería y eso me hacía dudar de lo que realmente sentía; él siempre estuvo de algún modo alrededor de mí, intentando que en algún momento mis conocimientos volvieran y lo reconociera. Otro punto a tocar era que Fernanda nunca me había traicionado, Alexander no era mi novio y jamás lo fue, solo fue una excusa que utilicé para que mis padres no descubrieran a Demián. Okana era y siempre sería mi mejor amiga, así nunca se lo diga.

He cometido los peores errores de mi vida y hasta ahora estoy siendo consciente de esto. Todos me habían ocultado la verdad para que no me volviera a afectar mi cerebro y dejaron que creyera cosas que realmente habían dañado nuestro vínculo. Dejaron que yo pensara lo que deseara porque sabían que en un futuro los iba a perdonar. Siempre tuve aquel amor incondicional en amistad y nunca fui consciente de ello.

Abrí mis ojos lentamente, dándome cuenta de dónde me encontraba. Vi las máquinas, mis manos heridas y, sobre todo, sentí el dolor recorrer cada parte de mi cuerpo.

"Odio lo que soy".

"Odio en lo que me he convertido".

Las lágrimas no tardaron en aparecer al ser consciente de lo que pasaba. Estaba asustada; necesitaba de alguna manera tratar de que todo volviera a su lugar sin recordar cómo había hecho sufrir a los que tanto amaba. He fallado otra vez. Lo he hecho como amiga, hermana, hija y pareja.

—Keityn... —No deseaba ver a nadie, no quería iniciar una conversación y mucho menos que preguntaran cómo me sentía.

—Siento mucho haber dudado del cariño que me tenían... —no sabía qué decir o cómo disculparme ante las cosas que habían sucedido—, en serio lamento haber tratado mal a mi mejor amiga antes de tener el accidente hace años... —No tenía que ser adivina para saber que ellas estaban en esta habitación—. Te pido perdón, Fernanda, por haber dudado de tu lealtad y haberte puesto tantas barreras cuando solo tú hacías lo posible para que no me castigaran.

El silencio no tardó en hacerse presente. Sé que todos se encontraban en shock por las palabras que estaba diciendo.

—Emma y Dalila, gracias por cuidarme cuando había perdido a mi primer hijo... —No tenía fuerzas para hablar, pero aun así lo intenté.

—Cálmate —Emma susurró en un hilo de voz—, no te esfuerces.

—Lo recordé todo... —Me atreví a levantar la mirada para ver a esas tres mujeres que darían la vida entera por mí—. Sé que fallé, sé que he sido una completa estúpida y por eso pido disculpas.

Quédate.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora