Besos húmedos inundaron cada parte de mi cuello y clavícula, mientras sus grandes manos presionaban mi cintura, dejándome completamente expuesta contra su piel y entrepierna.
Aquel olor masculino que tanto amaba invadió mis fosas nasales, haciendo que me estremeciera cada vez más al tenerlo cerca de mí. Este hombre se había encargado de condenarme a ser una adicta desquiciada, y eso me hacía querer entrar en crisis.
—¿En qué piensas? —aquella voz ronca llegó a mis oídos, erizando cada vello de mi piel.
Y es que tenerlo cerca me garantizaba millones de hormonas alborotadas y electricidad recorriendo cada parte de mi piel.
—En nada —y no mentía, simplemente había entrado en una especie de relajación.
—¿Deseas algo de tomar?
—No, por ahora me daré una ducha.
—Está bien. Toma algo de mi clóset mientras te compro algo para ti.
—¿Para qué?
—Eres mi pareja, es obvio que te quedarás conmigo de vez en cuando, así que lo justo es que tengas ropa aquí.
—Qué considerado eres. Pero no es necesario, yo puedo traer de mi casa.
—Tú solo hazme compañía y hazme feliz, yo me encargo de traer el dinero y darte todo lo que te mereces.
Sorprendida ante su respuesta, decidí levantarme para ir directamente hacia el baño. Y sí que no me había equivocado, incluso aquí dentro parecía el mismo reino. No sabía con exactitud cuál era su afán de tener tanto lujo hasta en los lugares donde se bañaba.
Al salir de ducharme, me puse una de las camisetas de Demián para luego acostarme junto a él. Se encontraba durmiendo tranquilamente en la cama, así que, en silencio, intenté meterme, lo cual salió mal ya que golpeé la mesa de noche, haciendo que abriera los ojos.
—Lo siento —me disculpé.
Pensé que me diría algo, pero solo me haló hacia su cuerpo. Rápidamente, pasó su mano por mi cintura para atraerme aún más, pero al darse cuenta de que aquello no era suficiente, pasó su pierna por encima de las mías para entrelazarlas.
El sutil sonido de las persianas me despertó. Inconscientemente, me giré hacia el lugar de donde provenía, encontrándome con la silueta de Demián. No sabía en qué pensaba, pero realmente se veía preocupado. Entre sus manos sostenía un cigarrillo mientras miraba atentamente el exterior. Aún estaba oscuro, lo que me garantizaba que era medianoche o ya altas horas de la madrugada.
Lentamente, me levanté de la cama, intentando no hacer ruido. Lo menos que quería en esos momentos era hacerlo sentir incómodo por haberme despertado, así que caminé hacia donde él.
Su mirada se encontraba perdida en un pequeño parque que había a la distancia.
—¿Te desperté? — me asusto al escucharme.
—¿Cómo supiste que estaba aquí atrás?
—No eres nada silenciosa... —lo vi apartar la mirada de aquel lugar para posarla sobre mí.
Me acerqué a donde él de manera tranquila para mirar exactamente hacia el punto donde minutos atrás él estaba mirando atentamente. Quería saber con exactitud qué veía en aquel lugar.
—¿Qué mirabas? —me atreví a preguntar.
El lugar estaba completamente solo.
—Hacia aquel lugar... —lo vi señalar un poco más atrás del parque, donde una chica estaba mirando su celular mientras peinaba el cabello de un chico con sus manos.
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Quédate.
Fiksi RemajaEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
