Era un día cualquiera, el aire en el aula estaba impregnado de esa mezcla de ansiedad y determinación que acompaña a las pruebas. A pesar de que varios compañeros se quejaban de la dificultad, yo me sentía segura.
"Esta prueba es mía".
Con una sonrisa interna, escucho a unos diez chicos lamentarse, preguntándome si, en verdad, habían hecho pasantías en empresas.
-¿Estás segura? -me preguntó el profesor, su voz resonando en mi mente por quinta vez.
-Sí... -respondí, un tanto exasperada.
-Solo estuviste sentada treinta minutos.
-Estudié, profesor, no dudo de mis conocimientos -insistí, sintiendo cómo la confianza me envolvía.
-Tan egocéntrica como siempre -replicó con una leve sonrisa.
Con una despedida cortés, dejé atrás el aula y me dirigí a la cafetería, donde una bebida caliente me esperaba. Necesitaba un momento de tranquilidad y un mensaje para mis amigos, Emma y Demián, que siempre sabían cómo hacerme sonreír.
Saqué mi teléfono y escribí con rapidez:
*Señor Gruñón*,
Ya hice la prueba. ¿Todo bien?
La respuesta no llegó de inmediato, lo que me sorprendió. En un impulso, decidí enviar otro mensaje, informándole que planeaba dormir un rato y que quizás más tarde le escribiría.
*ADMV*
Han atrasado el vuelo.
El desasosiego me invadió al darme cuenta de que, al llegar a casa, podría no encontrarlos. Mi corazón se encogió ante la idea de que esos momentos de reencuentro se desvanecían.
Luego de un largo viaje, la idea de descansar me llenaba de expectativa. Pedí una gaseosa, sintiendo que cada burbuja me guiaba hacia la calidez de mi hogar. Esperaría, de eso estaba segura, aunque tuviera que hacerlo acostada frente al televisor o sumida en un sueño ligero.
Al llegar a la recepción, mis maletas me esperaban con la promesa de un regreso tranquilo. Las había enviado directamente desde el avión, con la esperanza de poder hacer la prueba sin preocupaciones.
-Gracias, Nancy -le dije a la recepcionista, su amable sonrisa era el último vestigio de la vida fuera de mi hogar. Ahora solo deseaba llegar a mi humilde refugio y descansar de este viaje tan largo y corto a la vez.
Mientras caminaba, no podía evitar pensar en Demián. ¡No ha respondido ninguno de mis mensajes!. La inquietud me invadió. ¿Acaso mis palabras lo habían aburrido? Con un leve suspiro, giré la llave en la cerradura y, al entrar, dejé caer mis maletas en medio de la sala, sintiendo la libertad de despojarme de los zapatos que me habían acompañado.
La cocina estaba vacía, un recordatorio de que había olvidado llenar la despensa. Con el teléfono en mano, decidí que era momento de ordenar comida. Mucha comida.
Me quité la ropa, quedándome en ropa interior, y al verme en el espejo, una idea un tanto atrevida me cruzó por la mente. Después de todo, ¿quién no le ha enviado una foto sexy a su pareja, aunque sea de forma casual? Caminé hacia mi cama, crucé las piernas y, con un toque juguetón, tomé una fotografía a través del espejo. Para finalizar, grabé un breve video, dejando que el encuadre capturara mi sostén y lanzando un beso al final.
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Quédate.
Fiksyen RemajaEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
