Habían pasado dos días desde que los machos alfas de la mafia estaban al rescate de Alicia. Gracias a Dios, lograron encontrarla y sacarla de allí automáticamente. Otro punto importante era que Stefan estaba retenido por problemas legales. Aquellos que, claramente, esos hombres habían hecho saber al mundo, lo cual atrasó su regreso. Por lo que me había comentado Serhat, él no podía moverse fuera de Bélgica por lo menos en las próximas veinticuatro horas, ya que se encontraba bajo investigación.
—Pásame mi bolso y la pañalera de Eda…— Valeria me los entregó para luego acompañarme a la puerta.
—¿Te guardo comida?
—No, hoy pasaré el día trabajando, quizás pida algo por internet. No te preocupes, es más, si deseas, pide algo y me pasas la cuenta.
Demián había hablado con su hermano para que Valeria trabajara en la empresa, a lo que él aceptó dichoso por la confianza que nos tenía a Emma y a mí.
Esta vez, decidí tomar un taxi y no usar mi coche, ya que no tenía nada para sostener a la pequeña mientras conducía. La vez pasada usé las cosas de Byron, pero no quería abusar de aquello.
Al llegar al trabajo, todos, ansiosos por verla y cargarla, me la quitaron. Sabía que se habían obsesionado con la belleza de la pequeña, y era de entenderse. Así que solo me limité a hacer lo mío, no sin antes verificar que ella estuviera en la misma habitación conmigo; era mucho más fácil para mí verla y saber que se encontraba bien. Y ahora que lo pienso bien, yo sería de esas madres sobreprotectoras.
Sonreí al ver cómo Santiago tomó a la bebé en sus brazos para darle su biberón. Me sorprendió mucho verlo; lo hacía ver tan fácil y común. Jamás creí que fuera tan ágil; a los hombres siempre se les dificultaba hacer cualquier cosa mínima.
—Tengo dos hermanas; por ley tuve que aprender.
—Imagínate nosotras…— Fernanda se sentó a unos pocos metros de donde nos encontrábamos. —…que tuvimos que cuidar hermanos, primos y sobrinos.
—¡Más yo!— Me quejé. —Pero no me arrepiento, es muy bonito tener un bebé en casa.
—Hasta que lloran…— Santiago mencionó mientras miraba a la pequeña que se encontraba en sus brazos. —Odio cuando lloran, en ese momento se les va el encanto.
—Todos odiamos eso…— alegué feliz.
—Señorita Ross…— una de las secretarias de Santiago nos interrumpió al entrar en la habitación. —…el mismo hombre de ayer desea hablar con usted.
—Ya vuelvo.
Salí de aquella sala, dirigiéndome directamente hacia donde Serhat, por indicación de la secretaria, me esperaba.
—Señorita…— me saludó al verme. —He venido a buscarla. El señor Dominick me ha informado que la lleve a usted y a la bebé a un lugar seguro.
—¿Ha sucedido algo que no sepa?
—No puedo decir qué está sucediendo, pero me han mandado a mantener a salvo a todas ustedes. Si no es molestia, puede venir conmigo.
—¿A dónde vamos?
—Dominick ha comprado algo. En el coche ya se encuentra la señora Okana y en otro auto está la señorita Rachel. De hecho, ella ya va en camino a esa casa.
—Buscaré a la bebé.
Rápidamente, subí a buscar a la pequeña, mintiéndole que mi amiga había llegado de viaje y quería verla antes de volverse a ir.
—Rachel corre peligro ahora— Okana habló, su voz cargada de urgencia mientras hablaba por teléfono. —Dimitri se ha apoderado de cuatro mafias. Si le llega a suceder algo, Francisco, mueres y no lo haré yo. Sabes quién lo hará y cómo sufrirás.
ESTÁS LEYENDO
Quédate.
Ficțiune adolescențiEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
