Lentamente, mis párpados se alzaron, luchando contra la persistente oscuridad de la madrugada. Una sensación extraña me invadió al percatarme de la calidez de un pecho desconocido bajo mi mejilla. Se suponía que mi habitación me aguardaba en solitario, pero al despertar, la presencia de otro ser era innegable. Con una desorientación aún palpable, elevé la mirada, encontrándome con el rostro sereno y dormido de Demián. Su semblante lucía fresco, ajeno a las preocupaciones del mundo. No pude evitar detenerme en sus largas pestañas y la sombra de su barba, detalles que siempre habían despertado en mí una silenciosa admiración.
Con movimientos suaves, me deslicé fuera del lecho, impulsada por una repentina sed que solo un vaso de agua podría calmar. La penumbra del ambiente confirmaba que la noche aún tejía su manto sobre la ciudad.
-Gracias por ayudarme... -murmuré, sintiendo su presencia a mis espaldas antes de siquiera verlo. Era una certeza arraigada en mi ser, la capacidad de percibir sus movimientos con una precisión casi instintiva.
-No hay nada que agradecer... -respondió, su voz grave y soñolienta mientras caminaba hacia donde yo me encontraba para tomar un vaso y servirse agua-. ¿Ya te sientes mejor?
-Sí, no te preocupes.
Un silencio breve se instaló entre nosotros, roto por el suave gorgoteo del agua al llenar el vaso.
-¿Por qué no me habías informado de los mensajes, Keityn? -La pregunta, lanzada con una calma tensa, hizo que mis ojos se abrieran con sorpresa y una punzada de alarma.
-¡¿Has revisado mi celular?! -exclamé, la incredulidad tiñendo mi voz de alteración. ¡Dios mío!, ¿por qué el destino parecía ensañarse conmigo? ¿Qué había hecho yo para merecer esta invasión de mi privacidad?
-Sí, Keityn -confirmó, su mirada ahora fija en mí.
-No debiste.
-Pero lo he hecho.
-Ahora sí estoy en problemas -murmuré, sintiendo un nudo de ansiedad apretar mi pecho.
-No lo estás..., ¿sabes quién es?
-No tengo ni la más mínima idea, llevo tiempo recibiéndolos.
-Por eso te alejaste.
-Sí -solté en un suspiro cansado-. Demián, mi familia está en juego, si les llegara a pasar algo yo no... -Mi voz se quebró, incapaz de articular la magnitud de mi temor.
-No les pasará nada -me interrumpió con una firmeza reconfortante, acercándose para depositar un suave beso en mis labios.
-¿Lo prometes? -pregunté, aferrándome a su certeza como a un salvavidas.
-Lo prometo, bonita.
Una oleada de gratitud y afecto me invadió. Quería recompensar su apoyo incondicional, su presencia protectora en medio de mi angustia.
-¿Pasamos el día juntos?, quiero recompensarte lo de la cena -propuse, elevando ambas manos para entrelazarlas alrededor de su cuello.
-Si lo dices así -respondió con una sonrisa dulce, acercando su boca a la mía para sellar nuestra tregua con un casto beso.
Una idea traviesa floreció en mi mente al observar el revoltijo de ropa que había quedado esparcida por la habitación en la confusión de la noche anterior.
-Creo que tengo mucha ropa, ¿no crees? -comenté con una sonrisa pícara, insinuando un deseo de pasar el día de una manera mucho más íntima y relajada.
Me entregué a él en un beso posesivo, de esos que me robaban el aliento y encendían cada fibra de mi ser. Enlacé mis piernas a su cadera, sintiendo cómo me alzaba en sus brazos para llevarme de vuelta a mi habitación, donde la promesa de una dulce diversión danzaba en el aire.
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Quédate.
TeenfikceEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
