Damián era el tipo de hombre que cualquier mujer desearía en su vida; él se había convertido en parte fundamental de mi crecimiento, y eso me alegraba. Complementaba mi ser y la persona en la que me convertiría más adelante; confiaba en mí y me daba esperanzas que jamás creí que tendría.
Conocerlo me llenó el alma; él se había encargado de armar piezas en mi corazón que él no había roto, me ayudó a ser lo que era, y eso me tranquilizaba.
Agradecía internamente cada segundo de mi vida y el hecho de ir a esa entrevista de trabajo. Si no hubiese sido por eso, jamás lo habría conocido a él, ni a Santiago, ni mucho menos mi nueva vida de diseñadora.
—¿En qué piensas? —Demián me susurra al poner sus cálidas manos alrededor de mi cintura.
—En nada.
—Intentaré comerme ese cuento, señorita —sonríe mientras me levanta; instantáneamente coloco mis piernas en sus caderas para no caer al suelo—. Por poco se me olvida informarte que Nancy mandó a decir que necesita conversar contigo.
—¿No sabes para qué es?
—Por el departamento que compraste. Algo así comentó.
Oh, Dios. Lo había olvidado.
—Se lo había comprado a Emma, pero tu querido hermano se adelantó a comprarle una casa. Lo que garantiza que mi humilde regalo queda en el olvido.
—¿Damián ha hecho eso?
—Sí, es más responsable de lo que crees.
—Ya veo.
Me quedo viéndolo tontamente a los ojos, aquellos que me gustaban al borde de volverme loca.
—¿Te vas a quedar viéndome embobada o me vas a besar?
Bajo lentamente mis labios a los suyos para darle un casto beso.
✨🔮✨
—Ya acabamos de tomar el avión, hija, en un par de horas estoy allá contigo.
Damián ya se había ido a Rusia hacía unos trece días, lo que significaba que la empresa Petrov estaba bajo la supervisión de Damián y la mía. La verdad, era más difícil de lo que imaginaba; agradecía al cielo que solo iba a tener dos reuniones y eran a final del mes.
—Mamá ya casi llega —Emma comienza a chillar, mientras corre por toda la empresa con una energía contagiosa.
—Acabaron de tomar el avión.
—Hoy me quedaré el día aquí contigo.
—¿Aquí en la empresa?
—Claro, así te ayudo a ti y a Damián —Emma se levanta del sillón con Byron en los brazos para luego entregármelo con una sonrisa—. Necesito ir al baño.
—Vaya tranquila.
Byron cada día estaba más grande y hermoso, y eso me alegraba. Se suponía que debía quedarse al menos dos meses en una incubadora, pero no fue así. Mejoró en quince días; eso de tener las mejores máquinas y los mejores doctores de la ciudad fue la mejor oportunidad.
—¿Y Emma? —Damián se sorprende al entrar a la oficina y verme haciéndole mimos a su bebé, es inevitable no percatarme de su mirada aquella que se ilumina al ver a su hijo.
—Ha ido al baño.
—Gracias al cielo, necesito que me ayudes a organizar algo, pretendo pedirle matrimonio.
—¡¿QUÉ?! —El grito se escapa de mis labios antes de que pueda contenerlo.
—Cálmate, cuñada. No pretendo que se entere de esta manera.
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Quédate.
Fiksi RemajaEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
