Capítulo 58

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—¡¡Keityn!! —El grito eufórico de Okana me sacó de mis lamentos.

Ella se encontraba a unos cuantos metros de distancia. Su mirada, posada en la mía, intentaba de alguna manera que llegara a mí y me reconfortara.

—No estás sola... —corrió hacia mí para darme un cálido abrazo—, prometo no volverte a dejar sola nunca más.

Decir que no sentía absolutamente nada al tenerla cerca era mentir; mi cuerpo automáticamente reaccionó a su tacto al tenerla en un cálido, afectuoso y tierno abrazo. Aquel abrazo me recordó lo mucho que la conocía y la familiaridad que tanto miedo me daba al tenerla cerca.

Yo jamás la odié, a pesar de no saber nada de ella. No hice nada que le hiciera daño cuando creí que era algo de Demián; simplemente me alejé porque una parte de mí sabía con exactitud que esa mujer no haría algo que me hiciera sufrir.

En completo silencio, alejó su cuerpo del mío.

—Iré por mi bebé, no te muevas.

Caminó unos cuantos metros para sacar a la pequeña del carro y entregarle la llave a uno de los vigilantes de la entrada. No recordaba con exactitud cuán cercanas éramos años atrás, pero no tenía duda de que era una persona extremadamente fuerte y sincera. No me sentía incómoda con ella y eso me alegraba en cierto punto.

—Hazlo... —soltó frente a mí, al ver cómo miraba atentamente una de las sillas de la sala.

—Él... —Mis ojos se empañaron de lágrimas al solo imaginarlo—, no quiero aceptar que se ha ido de este mundo —me atreví a decir, solloza.

—Puedes desahogarte. Tu familia se encuentra en casa de los Petrov, lo que nos da suficiente privacidad para que puedas expresarte con gusto y sacar del pecho todo aquello que llevas retenido. Llora, patalea y grita. Yo estaré aquí contigo escuchando todo lo que quieras decir.

Levanté mi mirada hacia aquella castaña para luego sonreírle con cierto cariño. Nadie, aparte de mi padre y Emma, se había preocupado por saber cómo realmente me sentía.

—He volado una isla completa por su muerte... —susurré mediante cierta burla.

—Tú jamás cambiarás —se atrevió a decir en un tono burlón.

—No creo, es algo natural en mí.

—Vamos a ducharte... —Me animó a levantarme—. Hay que ir a la casa de los Petrov, eso de tener a tu familia allá es muy extraño.

Y sé a lo que se refería. Creo que no quería llorar, estaba dolida y frustrada, pero no lo suficiente para volver a llorar.

—Extrañaba estar cerca tuyo... —Soltó con algo de tristeza mientras me veía llenar la bañera.

—¿Por qué nos separamos? —me atreví a preguntar mientras metía mi cuerpo desnudo en la bañera.

—Sé que aún no recuerdas nada —se atrevió a mencionar con cierta nostalgia—. Pero hablaré, en algún momento lo recordarás.

Atenta a todas sus palabras, intenté restregar mi cuerpo de manera rápida. Pedí la toalla y ambas caminamos hacia la habitación nuevamente.

—Después de la muerte de Byron, muchas cosas raras comenzaron a suceder... —comenzó la historia mientras abrigaba a su bebé—. Sé que tú sabías algo, pero no quisiste comentarme nada, pensé que al menos lo harías con Emma, pero tampoco sucedió.

«Un día ambas estábamos en una cafetería desayunando y recibiste una llamada la cual te alteró. Yo realmente no sabía por qué, recuerdo que entraste en una crisis y, sin darme tiempo a consolarte o preguntarte qué sucedía, tomaste mi coche y te fuiste, dejándome sola.»

Quédate.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora