-¿Olvidar una cosa y recordar otra? -repetí en voz baja, dejando que la frase resonara en mi mente. De repente, una serie de piezas dispersas comenzaron a encajar, y la posibilidad de que Emma tuviera razón se hizo palpable. Un escalofrío recorrió mi espalda al comprender que mi propia memoria podía ser un laberinto engañoso.
-Keityn, no puedo contarte nada hasta que tú misma recuerdes todo -dijo Emma, su preocupación evidente mientras se levantaba de la cama. Percibí su anhelo por iniciar una conversación profunda, pero también su cautela ante la fragilidad de mis recuerdos-. Según los especialistas, lo que viviste aquel día fue fatal para ti, y de una extraña manera, tu cerebro bloqueó todo lo sucedido -suspiró, frotándose el rostro con ambas manos en un gesto de angustia-. Solo tú sabes quién es la causante de ese accidente -añadió, sus ojos reflejando la clara inquietud que se había instalado en mi semblante-. No fuerces tu cerebro, no quiero que te pase nada, te amo tanto -me abrazó con fuerza, transmitiéndome una oleada de cariño protector-. De veras, no pienses en eso, no quiero que entres en crisis.
Sus palabras resonaron en mi interior, pero la idea de haber perdido fragmentos de mi propia historia era imposible de ignorar. Caminé lentamente hacia mi mesa de noche y extraje una libreta de entre mis pertenencias. Si mis recuerdos eran tan escurridizos, necesitaba un ancla, un registro tangible de las verdades que se desvanecían. Comencé a anotar las palabras de Emma, la confirmación tácita de una amnesia selectiva que me había mantenido en la oscuridad. Cada letra trazada era un intento por asir los hilos sueltos de mi pasado, con la esperanza de que algún día, la madeja completa se revelara ante mis ojos.
16 de abril de 2022
La revelación de Emma pendía en el aire como una verdad recién descubierta, una pieza faltante que, al encajar, desordenaba el rompecabezas que creía conocer. Un accidente, ocurrido apenas unos días después del vacío que dejó la partida de Byron, yacía oculto en las sombras de mi memoria, un velo denso que mi mente había tejido con el hilo del olvido.
Paradójicamente, esa laguna oscura, ese borrón inexplicable en mi pasado reciente, había actuado como un catalizador inesperado. Al perder la nitidez de aquel suceso, la figura de mi hermano, su carisma vibrante y la dolorosa certeza de su ausencia, habían emergido con una claridad sorprendente desde las profundidades de mi conciencia.
Una extraña danza de la memoria se había desatado en mi interior: la pérdida de un recuerdo abriendo paso al retorno de otro, como si mi mente, en su desconcertante lógica, necesitara un vacío para que una verdad anterior pudiera florecer nuevamente.
Posdata: Olvido una cosa para recordar la otra. La simpleza de esta anotación en mi libreta contenía la complejidad de mi estado, la desconcertante selectividad de mi memoria, un enigma que ansiaba desentrañar para poder, finalmente, comprender la totalidad de mi propia historia.
Una punzada de incertidumbre se instaló en mi pecho. Tal vez todo lo que creía saber era una ilusión, una distorsión de la realidad, o quizás simplemente un evento fortuito, una anomalía en el curso normal de los acontecimientos. Sin embargo, independientemente de la naturaleza de aquella confusión, una necesidad apremiante me impulsaba a desentrañar la verdad que se escondía tras el velo de mi amnesia.
-Trae a la niña -demandé con suavidad, dirigiéndome a Emma-. No quiero que se ensucie y luego ande por la calle con esa suciedad.
Con determinación, me dirigí al armario, dispuesta a organizar las prendas que me acompañarían en mi salida. Una sensación de desorientación persistía, como si caminara sobre un terreno inestable. Sin embargo, me negaba a sucumbir a la confusión, enfocándome en la meta que ya había trazado en mi mente: trabajar arduamente para adquirir una casa, un hogar donde todos pudiéramos vivir juntos.
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Quédate.
Novela JuvenilEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
