Capítulo 25

1.5K 127 0
                                        

¡Emma y Damián! Un eco helado resonó en el instante preciso en que mis ojos capturaron esa escena inesperada. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, negándose a aceptar la realidad que se desplegaba ante mí. No, esto no podía estar sucediéndome a mí, no de esta manera, tan abrupta, tan... reveladora.

En un vano intento por mantener la compostura, por no desatar un torbellino de emociones en este lugar, cada fibra de mi ser clamaba por respuestas. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? La perplejidad me envolvía como una densa niebla, la confusión nublaba mis pensamientos y un desconcierto profundo se instalaba en mi alma. ¿En qué recóndito momento había germinado esta... conexión? ¿Y por qué, oh cielos, mi percepción había estado tan terriblemente velada?

Con un esfuerzo casi físico, logré articular unas palabras, un hilo de voz tembloroso que apenas reconocía como mío.

-No discutiré...,- alcancé a decir, aunque la incredulidad aún danzaba en mis labios. -Luego... luego discutiremos esto...- Mi mente, aún en shock, luchaba por asimilar la escena, por trazar un rumbo en este nuevo y desconcertante panorama. -...Por favor, Damián, desaparece de mi vista.- La petición, aunque firme, temblaba con la fragilidad de un cristal a punto de romperse.

No se suponía que debiera sentir este nudo en el pecho, esta punzada de decepción y profunda tristeza. Emma, mi confidente, mi amiga incondicional, jamás había tejido secretos a mi espalda. Y ahora, esta revelación repentina, este encuentro fortuito, me dejaba tambaleándome en un mar de preguntas sin respuesta.

Un destello de lucidez atravesó la bruma de mi confusión. Damián no era un asiduo a estos lugares. Su presencia aquí no era casualidad; él había venido directamente hacia ella, la había buscado. La certeza de esta idea añadió una nueva capa de inquietud a mi ya agitado interior.

-¿Qué tienes?.- la voz de Julia irrumpió en mi aturdimiento, su rostro preocupado llenando mi campo de visión.

-Mano, ojos, boca...- respondí maquinalmente, una ironía amarga escapando de mis labios, lo que le valió una mirada de reprobación.

-No es gracioso...-, Demián añadió, su tono cargado de un reproche que sentí inmerecido en mi propio torbellino emocional.

-Nada, amiga... Solo estoy algo agotada. - mentí, la falsedad de mis palabras resonando huecamente en mis oídos.

La frustración, como una ola impetuosa, me impulsó a girarme y caminar con determinación hacia la barra. Necesitaba desesperadamente algo que quemara en mi garganta, que anestesiara por un instante este dolor punzante en el pecho. Necesitaba beber, aunque solo fuera para intentar ahogar este nudo de incredulidad y tristeza que amenazaba con consumirme.




✨🔮✨


Un peso extraño me anclaba al colchón, dificultando el más mínimo movimiento. Mis párpados luchaban por separarse, como si una fuerza invisible los mantuviera unidos. Al fin, la luz tenue de la habitación se filtró entre mis pestañas, revelando un par de ojos traviesos y llenos de cariño justo frente a mí.

-Buenas tardes, mami..._ susurró Linsy, depositando un suave beso en mi mejilla. Su dulce voz, tan familiar y reconfortante, contrastaba con la bruma de confusión que nublaba mi mente.

¿Cómo demonios había llegado hasta aquí? Las últimas horas se habían desdibujado en un vacío insondable, un agujero negro en mi memoria donde los recuerdos se negaban a emerger. Y Demián... la punzante ausencia de su presencia me sobresaltó.

Un impulso repentino me hizo incorporarme de golpe, un movimiento brusco que desató un latigazo de dolor en mi cabeza. Maldita resaca, pensé, mientras me llevaba una mano a la sien, intentando mitigar la punzada.

Quédate.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora