El aire en el restaurante era denso, cargado de una mezcla de risas y conversaciones animadas. Mi corazón latía con fuerza, cada pulsación resonando en mis oídos mientras observaba a Demian, casi en la entrada, con la mirada fija en Dalila, que conversaba despreocupada con un hombre que no parecía ser más que un mero desconocido.
La desesperación me invadió. En un impulso irreflexivo, tomé de la camisa al chico, acercándolo a mí, buscando una manera de ocultar mi inquietud. Un beso, un acto desesperado; necesitaba que mi mundo se detuviera un instante, que nada más importara.
-Voy por tu amiga -murmuró, sonrojado, mientras sus ojos se abrían como platos ante la situación.
Giro lentamente hacia la derecha, luego hacia la izquierda, buscando a Dalila con la ansiedad acumulándose en mi pecho. ¿Dónde demonios se había metido?. La pregunta latía en mi mente como un eco, y la magia de su aparición parecía eludirnos a todos.
-Me parece perfecto vernos luego... -dijo el desconocido, sonriendo mientras se acercaba con Dalila a mi lado. Su tono era amigable, pero mi estómago se revolvía en un torbellino de incertidumbre.
-Ella es mi cuñada -me presentó con una sonrisa que no podía ocultar el aire de complicidad.
-Soy Keityn, un gusto cono... -intento continuar, pero la ronca voz de Demian irrumpió en la conversación, cortando el aire como un cuchillo afilado.
Mierda.
Mierda.
Mierda.
-Dalila Petrova... ¿qué carajos haces aquí? -su mirada era intensa, y podía sentir la tensión acumulándose.
-Hermano... -respondió ella con una sonrisa que intentaba suavizar la situación-. No sabía que vinieras a estos lugares...
-Eso mismo te pregunto a ti. -Su tono era grave y directo, y la atmósfera se volvió aún más tensa.
-Ha venido conmigo... -intervine, sintiendo que la defensa era mi único recurso.
-No me interesa lo que hagas con tu vida, pero trata de no incluirla a ella. -Las palabras de Demián eran como un golpe bajo, y la ira burbujeaba en mi interior, mientras la frustración se convertía en un rayo de desafío.-Por cierto... -dijo, girándose hacia el hombre que acompañaba a Dalila-, dejemos la reunión para después, David, necesito llevar a mi hermana a su casa.
Antes de que pudiera articular palabra alguna, fui testigo de cómo la tomaba del brazo con una brusquedad que me erizó la piel, guiándola sin miramientos hacia su automóvil. Un recuerdo punzante de la última vez que la vi partir de esa manera me asaltó, y sin poder contenerme, mi mano se alzó para detenerlo con un golpe seco.
- Ella ha venido conmigo, lo más seguro es que también regrese conmigo.- Mi voz temblaba ligeramente, cargada de una determinación recién descubierta.
-Ella no regresará contigo, así que vete por tu cuenta.- Su respuesta fue tajante, desprovista de cualquier atisbo de duda.
-Retame.-El desafío brotó de mis labios antes de que pudiera sopesar las consecuencias. -¡¿Quién demonios te crees tú para decidir lo que ella debe hacer o con quién andar!?.- La alteración vibraba en cada sílaba. -...Dalila es lo suficientemente mayor como para tomar decisiones por su cuenta.
-¿Grande?. - Una risa breve y amarga escapó de sus labios. - ¿Tú crees que si así fuera estuviera sola y embarazada de un imbécil?.
Sin saber cómo reaccionar ante esa puñalada cruel, giré hacia ella. El dolor era palpable en su rostro, una sombra que oscurecía su mirada. Este hombre... este hombre poseía la habilidad de infligir heridas profundas con la simple elección de sus palabras.
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Quédate.
Teen FictionEn un mundo donde las relaciones laborales y personales chocan, una joven se encuentra atrapada en un torbellino de emociones tras iniciar una aventura clandestina con su jefe, Demián Petrov, conocido cariñosamente como "Mi Señor Gruñón". Aunque al...
