Extra Demián

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Narrado por tercera persona.

En el corazón de una tormenta interna, Demián navegaba un mar de interrogantes sin faro, buscando una ruta de escape entre la confusión.

— No la vuelvas a dejar ir, Demián...— La voz de Okana, apenas un susurro, danzaba en el aire mientras sus dedos examinaban con cautela las pequeñas píldoras que reposaban en su palma. Un encargo de días atrás por parte de Demián, una misión silenciosa para desentrañar el misterio de su composición, la clave para entender el lento desvanecerse de los recuerdos de Keityn.

—No lo entiendes.— respondió Demián, la angustia velando sus palabras. — Todo esto cala mucho más hondo de lo que alcanzas a imaginar.

— Sé mucho más de lo que crees.— replicó Okana, una sombra de firmeza en su tono.

—Keityn ya no es tu mejor amiga.— La frase, cruda y directa, pendió entre ellos.

—No necesitas recordármelo a cada instante. — la voz de Okana se quebró ligeramente, teñida de una amarga resignación. — Soy plenamente consciente de mi culpa...— La frustración y la desilusión gravitaban en el aire a su alrededor. —...Sé que no debí introducirla en este mundo, ni mucho menos presen..

Demián interrumpió su lamento con una tajante certeza.

—Ella sabía perfectamente en qué terreno se adentraba, y aun así eligió involucrarse. Así que, por favor, evita las lamentaciones.

— Pero yo la guié, yo le mostré el camino, y parte de la responsabilidad recae sobre mí. Me atormenta la idea de que no me recuerde, de que todo lo que vivimos juntas se haya diluido.— La máscara de entereza de Okana comenzaba a resquebrajarse, dejando al descubierto la fragilidad de su corazón. Su historia con Keityn se había tejido con hilos de tiempo y vivencias compartidas, ahora amenazados con desvanecerse en la niebla del olvido.

—Debemos hacer algo con Odette...— Demián dejó escapar la frase con un dejo de exasperación. La idea de infligir daño a esa mujer lo atormentaba, especialmente ante la presencia de un niño inocente.

—Solo tú sabes el camino que debemos tomar.—respondió Okana, la impaciencia tiñendo sus palabras.

—Hay un bebé de por medio.— murmuró Demián, la conciencia de la inocencia infantil pesando sobre su decisión.

—Tú podrías criarlo, o yo misma. Esa no es una excusa válida.— replicó Okana con una punzada de molestia. En su universo emocional, la prioridad absoluta debía ser el bienestar de Keityn, eclipsando cualquier otra consideración.

—¿Cómo puedes hablar así de tu hermana?

—¿Mi hermana? —Una sombra de frustración oscureció su rostro ante aquel vocablo—. Odette podrá llevar mi rostro y mi sangre, pero jamás le concederé el lazo de familia. —El aborrecimiento hacia su hermana era un sentimiento palpable, casi tangible—. No alcanzo a comprender tu vacilación al privarla de la vida, cuando es evidente que su lugar es bajo tierra, como festín para los gusanos.

—Sabes que no es así.

—Me importa un comino su fragilidad mental. La hemos internado en los mejores lugares, con excelentes doctores, y todo esfuerzo ha sido en vano.

—¿Y si intentamos internarla de nuevo?

—¿Para que repita su fuga? ¡No!

Ambos compartían un agotamiento profundo, tanto en el espíritu como en el cuerpo, ante la encrucijada que representaba aquella mujer. Odette se había erigido como la artífice de la ruina de sus logros.

—Ha llegado el instante de que Keityn conozca la verdad. Y no por mí, sino por su devenir.

—Concédeme dos días, y le revelaré todo.

—¿Todo, absolutamente todo?

Demián escrutó el entorno, dejando escapar un suspiro de fastidio.

—Todo aquello que olvidó.

—Fueron tantas vivencias que aún me debato sobre cuál iniciar.

—Por nosotros.

—Debes confiarle sobre el bebé.

—Por supuesto, pero antes de sumergirnos en nuestra historia, debo hablarle de ti.

—No.

—Debes despojarte de las cadenas del pasado y reconciliarte con ella.

—¿Y permitir que sufra de nuevo por mi culpa?

—Ella ha madurado.

—Ahora cree que soy un reflejo de Odette y que mi intención es interponerme en vuestros afectos.

No mentía. En el juicio de Keityn, ella encarnaba lo peor.

—Aunque ahora que lo medito, desconozco qué encontraron estas mujeres en ti. Eres un ogro insoportable.

—No soy así todo el tiempo.

—La mayor parte del día, sí.

—Depende de la persona.

—Demián, eres un fastidio constante.

—Esa expresión no te pertenece.

—Keityn me la enseñó. Por cierto, ¿aún la emplea?

—No lo sé, pregúntale a ella.

—Qué ingenioso me ha salido el niño.

La conversación fluyó durante un instante más, hasta que dos pequeños irrumpieron en el laboratorio entre risas cristalinas.

—¡Hola, tío Demián! —Saludó el pequeño Owen, mientras elevaba a su hermanita hacia los brazos de su madre.

Demián respondió al saludo con afecto, para luego entablar una charla sobre fútbol con el niño—. Cumpliré ocho dentro de unos días, ¿qué me obsequiarás?

—¿Qué deseas como presente?

El infante meditó por un momento, y luego esbozó una sonrisa traviesa—. Mejor te lo diré luego, no quiero que mamá me regañe... Por cierto, se me olvidó comentarles que Dimitri está afuera con una morena.

—Quizás sea Reichel.

—Dile que pase.

Odette acunó a la pequeña en sus brazos, mientras comenzaba a llenar delicados frascos con disolvente. Simultáneamente, Demián iniciaba la disolución de pequeñas cápsulas de droga en el líquido que Odette vertía.

—Siguen siendo un dúo... —Dimitri apareció en el umbral de las grandes puertas del laboratorio, acompañado de una mujer de belleza deslumbrante, de piel morena y perfección evidente a sus ojos.

—El trabajo es el trabajo —respondió Demián con brusquedad, arrebatándole la bebé de los brazos a su amiga para permitirle trabajar con mayor libertad.

—Ignora al amargado —intervino Okana, acercándose para depositar un beso en la mejilla de ambos—. ¿Qué tal el viaje, Reichel?

—Muy bien, Okana, gracias por preguntar —La mirada de Reichel se posó en la bebé, quien observaba a Demián con una expresión de ligero disgusto.

—No me quiere, supongo que aún no sabe lo millonario que soy y todo lo que le daré... —Alardeó, para luego intentar entregar la niña a su madre, pero en un movimiento inesperado, la pequeña fue tomada por la recién llegada.

Reichel se sintió encantada de tenerla en sus brazos, su amor por los bebés era evidente.

—No me quiero imaginar cuando seas madre... —Okana sonrió ante la enternecedora escena.

—Ni te lo imagines —respondió Dimitri a Okana—..., bebés ahora en mi vida no necesito, ni quiero.

—Ignorarlo siempre es la mejor opción... —Soltó Reichel con un dejo de tristeza ante las palabras de su amado.

Ella llevaba en su vientre una nueva vida, pero vacilaba en compartir la noticia, no después de escuchar la rotunda negativa de Dimitri hacia la paternidad.











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