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El oficial Jong Sungguk pensó que esa tarde de lluvia sería como cualquiera: otra inspección de rutina en un vecindario de clase media de la ciudad de Daegu, Corea del Sur. Nunca imaginó que dentro de una casa a...
Cuando Sungguk regresó del trabajo, se encontró a Dae llorando sobre el rosal destrozado. Se afirmaba el estómago con los brazos y Roko daba vueltas a su alrededor gimiendo desesperado. Repetía una y otra vez lo mismo.
—Osito.
Y otra vez.
—Osito.
Lo perdió, pensó Sungguk desesperado.
Al correr hacia él, Daehyun alzó el mentón con las mejillas sucias y manchadas de lágrimas y tierra. Y dijo la alternativa que Sungguk no quería que tomase jamás.
—Dae ama a Osito, esa es mi decisión.
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