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El oficial Jong Sungguk pensó que esa tarde de lluvia sería como cualquiera: otra inspección de rutina en un vecindario de clase media de la ciudad de Daegu, Corea del Sur. Nunca imaginó que dentro de una casa a...
Se tocó la barbilla mientras contemplaba la residencia Jong, una casa de dos pisos habitada por dos policías y por un residente de Medicina. No existía protección en las ventanas, como tampoco un sistema de seguridad en la puerta. Lo único que le impedía acercarse a Moon Daehyun era ese enorme perro que ladraba ante cualquier movimiento y que lo seguía a todas partes.
Por eso los estudió.
Un día.
Una semana.
Un mes.
Un año.
Yo soy paciente, pensó observando a Jong Sungguk salir de la casa para cumplir con su turno. Solo debía ser paciente, una habilidad de la que Jong Sungguk carecía, y esperar un descuido de los chicos.
Y él se lo llevaría lejos, muy lejos.
Porque él no podía dejarlo en esa casa cuando el primer ciclo de calor de Moon Daehyun se acercaba.
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