Capítulo 25

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Cuando aparecí en la chimenea de los Malfoy, Draco y Lucrecia volvieron la vista, estaban justo en medio de la sala, cómodamente jugando ajedrez. Lucrecia era hermosa y elegante y estaba mucho mejor educada que Draco, bastaba verlos en ese momento para notar que había algo extraño en las posturas de cada uno, Cissy había descuidado demasiado la educación de Draco, principalmente sus modales, y bueno, por lo que sé también lo había tenido demasiado mimado en general.

—Reggie, buenas tardes ¿Qué te trae por aquí? —saludo Lucrecia confianzudamente.

Su forma de expresarse me desconcertó un poco, aunque en el colegio tenía fama de ser algo efusiva y descarada. Realmente no hablamos demasiado, no éramos amigos, solo compañeros de curso, así que no era muy apropiado que me llamara por diminutivos.

—Señorita Malfoy, Draco —saludé protocolariamente con un asentimiento de cabeza—. Es un placer verlos, ¿Están mi prima o Lucius en casa?

—¿Cuál de tus primas? —Preguntó con una sonrisa divertida Lucrecia—. Es que la señora Bellatrix vino hoy de visita.

—Con... ¿Cualquiera de las dos estaría bien? —pregunté con cierta incomodidad.

Lucrecia pareció divertida y se puso de pie con cierta gracia, tenía un aspecto informal a lo sangre pura, es decir, que conseguía verse elegante aun cuando estaba actuando casualmente. Mi madre también era algo así, y mis tías, y mis abuelas, y de cierta manera también a todos los magos se nos enseñaba a movernos de esa forma; según mi abuela un verdadero mago sabe cómo lucir las túnicas, los muggles siempre se ven torpes, toscos y ridículos.

Entiéndase hijos de muggles por muggles.

—¡Hey! —Protestó Draco—. Aún no habíamos terminado.

—Cierto —dijo Lucrecia mordiéndose el labio y sonriendo de forma traviesa—. Pero ser una buena anfitriona es mucho más importante que una partida de ajedrez.

—¿Solo cuando estás perdiendo? —preguntó Draco.

Lucrecia se encogió de hombros y caminó hasta detenerse junto a mí. Hizo una reverencia juguetona y señaló con la cabeza la puerta.

—Acompáñame, te llevaré con mi cuñada y la señora Bellatrix.

—¿Tú también nos acompañaras, Draco? —pregunté mirándolo desmontar el ajedrez.

—Creó que esta vez pasó —dijo Draco negando con la cabeza.

—Mi hermano tiene aún algunas tareas que hacer, a eso se refiere —comentó Lucrecia fulminando a Draco con la mirada, estaba claro que no le gustaba el tinte informal que había usado su nuevo hermano frente a mí.

—Por supuesto, no quiero que mi presencia os impida continuar con sus actividades. ¿No estoy interrumpiéndola a usted también señorita Malfoy? —pregunté.

Tengo que confesar que últimamente me da pánico ser un maleducado frente a ellos. Entre mi aislamiento voluntario poco después de entrar en los mortífagos, mi amistad con Severus y el tiempo que pasé en el futuro, sospecho que me habré desacostumbrado a algunos de nuestros protocolos.

—Para nada, mis únicas ocupaciones en esta casa son recordarle sus modales a mi hermano pequeño y diseñar —me contó ella mientras caminábamos hacia la puerta.

—¿Qué diseña?

—Túnicas, vestidos, de todo un poco. Hace poco hice algunas para Draco pero parece que no le gustaron —Lucrecia soltó un suspiro de frustración—. A veces no sé de dónde sacó ciertas manías, a mis otros dos hermanos les encantaron.

El diario de Regulus BlackHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora