Capítulo 28

710 89 14
                                        

La casa de los Malfoy fue un respiro necesario de la tensión que habíamos tenido desde antes incluso de volver, o más bien llegar todos, a este año.

Como no podía huir de los mortífagos y con Lucius por allí, aún menos, pude aprovechar para relacionarme con otros miembros, ganar algo de confianza y conseguir que crean que mis tiempos de ser un inútil habían terminado.

—Es un rasgo desagradable de mi carácter —les conté durante una mañana mientras veíamos una demostración de caballos alados en la hacienda de la familia Sayre, los Sayre del lado correcto no del que huyó a Norte América—, a veces simplemente y sin razón alguna pierdo por una temporada la capacidad de sentirme emocionado hasta por las cosas que verdaderamente me importan.

—Una tía mía me dijo algo similar alguna vez —comentó un muchacho italiano cuyo nombre no recordaba—. Terminó por arrojarse al mar durante una de esas temporadas.

—Realmente gratificante —le respondí con cierta incomodidad.

—¿Y cómo puede estar seguro de que sus "temporadas malas" no volverán a interrumpir su trabajo? —preguntó Albert Runcorn con una sonrisa burlona.

—Ese es un temor que tengo constantemente —respondí negándome a caer en ningún tipo de provocación—. Sería un completo desastre ahora que al fin puedo ayudar a los nuestros.

—Hablando de los nuestros, tus dos Potter en rehabilitación parecen no querer acercarse a nadie —comentó Barty señalando con el dedo hacia Harry y Hermione.

Los dos comenzaron a sentirse incómodos luego de un rato y antes de que Harry perdiera control sobre su lengua y arruinara todo, les aconseje mantenerse apartados.

—Es de mala educación señalar con los dedos, Crouch —comenté con fastidio para darme tiempo de organizar en mi cabeza lo que diría a continuación—. Tengo que disculparme por ellos, todavía son algo tímidos debido a su edad, mucho más de lo normal porque solo están acostumbrados a frecuentar a mi familia y a sus profesores particulares.

—Ahora que lo mencionas, se corre el rumor de que estás cortejando a la señorita Potter. Dicen que te vieron más cercano a ella de lo que te comportabas con Rowle—comentó Crouch con sus eternas ganas de molestar.

Sus palabras provocaron que me ardieran las mejillas sin poder evitarlo, tenía muchos cargos de conciencia. Ahora que mi madre no estaba para poner de mal humor a Hermione y ya no había ataques de celos de su parte, estábamos disfrutando de la libertad que no habíamos tenido antes para ser empalagosos y pasar el día entre besos y abrazos, y las noches... era imposible resistirme a la tentación de colarme en su cuarto.

Pero había sido todo lo discreto que podía. ¿De dónde lo habrá escuchado Crouch? De inmediato sospeché de alguna de las amigas con la que mis primas se reunían a tomar el té, pero tampoco podía descartar completamente a los amigos de Lucius.

Mi expresión bastó para que Crouch diera por respondida su pregunta y rompiera a reír tan estrepitosamente y sin estilo como solía hacerlo.

—Bueno, bueno, no es tan guapa como Rowle pero si logras convencerla de que los cepillos para el cabello no la matarán, podría verse bastante bien —opinó Crouch.

—No te he pedido ninguna comparación.

—Mira, parece que vas en serio —se burló Barty.

—Me sorprende que Lucius haya permitido que ese rumor se expandiera. Como primo político debería aconsejarte conseguir una esposa mejor posicionada y un rumor tal no es bueno para conseguir una —dijo Runcorn como pensando en voz alta, y se encogió ligeramente de hombros ante mi mirada de reproche—. No es bueno dejarse llevar por los caprichos de la juventud, no es un secreto para nadie que la familia Black fue una de las más afectadas durante la crisis del 74.

El diario de Regulus BlackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora