Diecisiete

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Dormir era perderse en la nada, dejar de existir por esas horas en las que la poción le quitaba la capacidad de pensad de pensar, de imaginar y lo más importante, de recordar, dormir era lo más cercano a esa paz engañosa que había buscado entregándose a una misión que sabía sería un suicidio pero que al menos hubiera dado relevancia a su muerte, la casa era siempre sombría y silenciosa, los gritos y murmullos erráticos de su madre ya no estaban para recordarle que no estaba solo, ahora podía tener la certeza absoluta de que lo estaba, era él el último en llevar su apellido, su linaje moriría si él lo hacía y tenía la certeza, que siempre lo había acompañado desde finales de sus dieciséis años, de que podía morir en cualquier momento, y había vuelto a esperar con ansias ese momento en el que podría al fin librarse de todo el peso de una guerra que se había cobrado todo lo alguna vez le resulto importante.

La habitación estaba casi completamente a oscuras, sus ojos se habían acostumbrado ya a la poca luz pero miraba fijamente el techo, lo malo de estar despierto es que los recuerdos y remordimientos le regresaban a la mente, pensó en sus padres, en su hermano, en los amigos de su hermano y volvió a sorprenderse de que desde la muerte de Sirius estos recuerdos hubieran dejado de evocar tanto rencor.

Se perdió un largo rato en el pasado, que era todo lo que le quedaba, como se había dicho mil veces antes; pudo hacerlo todo tan diferente, si no fuera tan débil, tan cobarde, tan inseguro para marchar por su cuenta. El grito de Kreacher interrumpió sus pensamientos, había dicho al elfo que no quería verlo ni escucharlo cuando este se lanzó hacia él para recibirlo apenas Dumbledore le había dejado volver a casa, apreciaba a su elfo pero Sirius era su hermano y Regulus no sabía si alguna vez lograría perdonarle por haber participado en su muerte.

Se puso de pie de un salto, llevaba la camisa de la pijama ligeramente desabrochada y el cabello despeinado, tomó su varita mágica y salió de la cama a la carrera, cuando sus pies descalzos tocaron el suelo ahogo un grito pero ignoro el dolor que subió desde su pie y camino a la puerta, escucho con más claridad los quejidos del elfo y segundos después se unieron también los del retrato de su madre.

- ¡Una sangre sucia ha entrado en casa! ¡Amo Regulus hay intrusos en la casa! Kreacher se va a encargar de echarla fuera - chilló el elfo y el chico antes de abrir la puerta, puso atención también a los gritos de su madre que se quejaban sobre la inmundicia que había metido Sirius a la casa y acusaba al intruso de haber tenido el atrevimiento de sentirse libre de entrar cuando Sirius no había pisado la casa en un tiempo.

El corazón se le aceleró ¿Podría ser Hermione? ¿Habría venido a buscarlo luego de la pelea que habían tenido hace unos días? ¿Le pediría regresar a la casa de los Weasley? Se negó a hacerse falsas esperanzas o aceptar que ya se las había hecho y abrió la puerta de su cuarto para caminar hacia el lugar desde donde venían los gritos, las escaleras que llevaban al primer piso, ahogó un quejido evitando asentar bien su pie izquierdo, luego se preocuparía de eso.

Y allí estaba ella, intentando quitarse a Kreacher de encima mientras el elfo le jalaba del cabello intentando arrastrarla hacia la puerta. A pesar del disgusto con el que se habían despedido se sintió feliz de verla.

- Kreacher desaparece de mi vista - dijo desde su lugar sobre las escaleras, el elfo se detuvo en seco y lo miró con expresión de indignación.

- ¡Pero amo Regulus! Hay una sangre sucia en l...

- ¿No me escuchaste Kreacher? - pregunto sin alterar el tono.

- Sí, amo - dijo el elfo y se desapareció mientras que los gritos de su madre continuaban llenando la estancia.

- Lo siento madre - murmuró antes de levantar la varita para silenciar el cuadro y correr las cortinas.

El diario de Regulus BlackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora