Capítulo 29

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El sacrificio consiguió el efecto que se esperaba y dejó también alguna que otra duda, Bellatrix me contó que los magos que yo había capturado tenían en su poder algún tipo de traslador oculto que se había activado cuando ya estaban muertos, lo que debió ser, según Bellatrix, un error de cálculo, vaya que lo fue, y los había arrojado a lugares indeterminados, uno terminó en el Támesis y el otro todavía no se lo encontraba.

Pero ambos estaban muertos, eso me lo dejó muy en claro.

Por otra parte habían conseguido el parte forense muggle y mágico, y un mortífago infiltrado en la oficina de Aurores les había facilitado el análisis mágico de todas las pertenencias del cadáver, nadie sabía que había hecho de traslador ni en donde había terminado. Pero esto último no les preocupaba demasiado, el traslador era por lo general un trozo de basura de procedencia muggle que se mezclaría con la contaminación del río, era inútil ponerse a buscar algo así.

Por otra parte a Severus sí que le importaba, también tenía muy en claro que había pasado para que los cuerpos terminaran arrojados en lugares al azar.

—Lo puse aquí —dijo levantando un brazo para señalar entre la axila y el pecho—. Los trasladores tienen una fuerza de rotación abrumadora, y soy tan idiota que no pensé en ello, entre la fuerza centrífuga y centrípeta, el alfiler no se quedaría mucho tiempo allí.

Pero pese al amargo sabor de boca que nos dejó nuestro plan de escape fallido, este nos dio la ventaja que necesitábamos para que nos tomaran algo más en serio en nuestra organización.

Después de aquello me dejaron dirigir ataques menores, secuestros de miembros de familias opositoras, realmente eran asesinatos pero nosotros los convertimos en secuestros. A espaldas de Harry y Hermione, o más bien con su conocimiento mínimo de nuestros métodos, nos convertimos en saqueadores de tumbas expertos, siempre asegurándonos de dejar los cuerpos lo suficientemente irreconocibles como para que nadie supiera que no eran quienes deberían ser, no era tan difícil, el fuego maldito tenía la peculiaridad de destruir cualquier rastro mágico. Mi estómago tardó unos cuantos días en acostumbrarse y todavía se revolvía algunas veces.

Luego de mucha insistencia hacia mis dos primas conseguí que las familias Lestrange y Malfoy apoyaran mi petición de poner a Severus bajo mi cargo. El Lord siempre había sentido especial interés por mi amigo, pero en los laboratorios Severus no destacaba, y aunque también lo ponían a hacer pociones, sus resultados no eran muy diferentes a los de cualquier otro pocionista. El Lord en un primer momento había querido que Severus inventara cosas nuevas, que destacara, pero al comenzar a entrenarlo para lo que necesitaban los mortífagos en lugar de incentivar su creatividad habían hecho que esta desapareciera.

Tres misiones exitosas fue todo lo que costó que me dejaran elegir a un grupo de trabajo permanente; Severus, Armand y Draco, y de alguna manera logré convencer a la señorita Maxwell para que se uniera. Es cierto que la antigua headgirl de mi año no es la única a la que influencie para que se uniera a los mortífagos, pero es una menos para mi conciencia.

Mara Maxwell actualmente trabaja en el ministerio, otra de las tantas burócratas. Desde su anexión a los mortífagos había funcionado más bien como espía dentro del ministerio, pero hace poco logré poner bajo imperio a uno de los mortífagos de rango superior para que la colocara junto a mí en la siguiente redada. Yo no quería ir, pero sería la última antes de independizarme.

Como era de esperarse Mara no encontró para nada gratificante la excursión, y mientras nuestros colegas hacían todo el trabajo desagradable, ella y yo teníamos una agradable confrontación que había comenzado por un reproche por haberla metido en algo así y la acusación de que a mí me gustaba asesinar familias.

El diario de Regulus BlackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora