Capítulo 23

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Ir de compras es hasta cierto punto relajante, no es que me emocionara pasarme el día eligiendo ropa o zapatos, pero pasar un rato distrayéndose y comprar algo bonito siempre es agradable. Había tenido poco tiempo y ganas de comprar cosas desde hace unos cuantos años, ni siquiera le había prestado mucha atención a la ropa que Hermione había conseguido para mí en los primeros días que estuve con ella. Pero ahora que había vuelto a mi vieja vida decidí que no nos haría mal conseguir algunas cosas, en especial porque Harry y Hermione estaban usando túnicas prestadas, las suyas eran muy informales y la mayoría eran las túnicas del uniforme de Hogwarts.

Draco tampoco tenía mucha ropa, me contó que los Malfoy se habían quedado desconcertados cuando se dieron cuenta de que su guardarropa era minúsculo, Lucrecia hizo algunos bocetos, mandó a pedir tela y los elfos se encargaron de coserlos, pero aparentemente mi antigua compañera de clase tenía un gusto peculiar por probar nuevos diseños de ropa y Draco pasó un buen rato quejándose al respecto conmigo.

-Pero si están muy bien -le dije probando a ponerme el sombrero que iba a conjunto con una de las túnicas que había hecho Lucrecia-. Yo me lo pondría.

-¿Qué tipo de mangas son estas? -Replicó Draco frunciendo la nariz en dirección a la túnica que iba a conjunto-. Parece uno de esos vestidos medievales de mujer y son muy poco prácticas.

-La moda regresa...-comencé a decir.

-Entonces quédatelo, te lo regalo.

Aunque la idea no me disgustaba... no podía acceder porque eso sería vergonzoso para mi familia.

-Lucrecia hizo esto para ti.

-En realidad tampoco te gusta, confiésalo -me reto Draco.

-Pues yo creo que te quedaría bien-comentó Hermione y por un momento pensé que me lo decía a mí, pero estaba mirando con maldad a Draco-. ¿No lo crees tú también Harry?

-¡¿Qué?! No, no... es decir sí pero... -tal vez la mirada perversa en los ojos de mi novia no era contra Draco. Me dio algo de pena Harry, parecía querer desaparecer.

Volví la vista hacia Draco que lo miraba con el ceño fruncido, normal, Harry incluso se había ruborizado un poco. Me apiadé de él, aún no terminaba de recuperarse de que le quitáramos el alma de Voldemort de la cabeza y estresarse no era lo más recomendable.

-¿Vamos a Twilfitt y Tatting? -Sugerí, fingiendo no darme cuenta del ambiente-. Así todos conseguimos algo nuevo.

Harry asintió sin dudarlo y se recostó contra la pared. Me pregunté si sería una buena idea llevarlo afuera, todavía se mareaba fácilmente.

-Tengo que conseguirles algunas de esas pulseras que mencionó mi abuela -comenté en voz alta.

-Nunca dijo que nos las fuera a dar -señaló Hermione.

-La convenceré, no tenemos tiempo para enseñarles cómo aparecerse y la aparición es demasiado brusca para Harry en este momento.

-Solo por un par de días más -añadió Harry intentando verse mejor.

Yo en su lugar estaría encantado de poder descansar todo el tiempo posible.

Mi abuela dijo que teníamos joyas de aparición, principalmente pulseras; el tema surgió cuando comenté que era agotador tener que aparecerlos a todos porque nadie más sabía cómo hacerlo. El problema es que eran ilegales y magia oscura, y no nos convenía que Crouch nos encontrará con algo así, así que mi abuela no parecía muy entusiasmada por prestárnoslas.

Mientras encontraba la forma de que se compadeciera de mí y nos consiguiera algunas, fuimos al Callejón Diagón usando polvos flú. Aun con eso Hary salió tambaleándose de la chimenea.

El diario de Regulus BlackDonde viven las historias. Descúbrelo ahora