Club

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La hoja de su cuaderno estaba repleta de pequeños dibujos y rayones, hace aproximadamente 20 minutos había perdido el hilo de la clase y su mente había comenzado a divagar por ahí; esa tarde tendría club, ella y Tom habían pasado días enteros organizando una feria de lectura para todo Hogwarts y esa misma noche sería el evento, su emoción estaba a flor de piel.

Cuando la chicharra sonó Louisette levantó sus cosas rápidamente, el pelinegro sentado a su lado la miró con burla.

— ¿A dónde tan emocionada?— preguntó.

— Hoy es la feria de lectura, no puedo creer que finalmente sea hoy — respondió emocionada.

— Estoy tan feliz por ti, mi amor — confesó — y me gusta verte feliz — la chica le sonrió — acabaré temprano el club hoy para ir a tu feria.

— ¿En serio?— el pelinegro asintió — no te atrevas a mentirme.

— No lo hago — dijo — quiero estar ahí contigo — agregó — tú estuviste en mi primer galería y yo quiero estar a tu lado en tu primer feria — continúo — tu sabes, como un equipo.

— Eso es muy lindo — admitió — gracias.

— No hay nada que agradecer, me tendrás ahí en primera fila — le sonrió — pero ahora debo correr, sino se impacientan.

— Corre — el chico avanzó un par de metros antes de regresar sobre sus pasos — ¿Se te olvidó alg...? — los labios de Sirius se estamparon sobre los de ella, a la castaña le costó un par de segundos reaccionar y regresar el beso — ¿Algo? — terminó.

— Eso — el chico le guiñó el ojo antes de alejarse — ¡te quiero! — gritó haciendo que un par de  cabezas se girarán hacia ellos.

— ¡También te quiero! — respondió la chica con una sonrisa boba sobre los labios.

Definitivamente ese iba a ser el mejor día de su vida.

El nudo de su garganta parecía no querer desaparecer, sus manos temblando y sus ojos comenzaban a picar; la chica miró a la mujer frente a ella esperando alguna especie de broma.

— ¿Habla en serio?— preguntó en un susurró.

— Lamentablemente lo hago, Louisette — respondió Merope — los fondos han sido retirados.

— Pero hoy era la feria, no pueden simplemente quitarnos los fondos y ya — se quejó Tom — no es justo.

— Lo sé chicos, pero sin el dinero...

— ¿No hay una manera en la cual pueda seguir a cabo el club? ¿Juntar fondos, buscar otro patrocinador? — preguntó Louisette.

— Louisette no te voy a mentir — respondió la mujer tomándola de la muñeca y guiandola hasta una de las sillas — tu padre, Louis, era el patrocinador del club — informó — y por alguna razón que desconozco todo el mundo ha decidido no apoyar económicamente ningún  proyecto en el que estés — agregó — Louis puso una condición, si tú sales del programa regresará los fondos al proyecto.

— Que idiota — soltó Tom — el club ha tenido apoyo porque Louisette lo maneja mejor que nadie, no tendríamos a tantos niños interesados sino estuviera ella.

— Lo sé Tom, por eso no acepté la condición — confesó — pero eso significa que el club dejará de existir — dijo — el club es de ambos, ustedes eligen.

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