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Rihia

Me dirigía a la aldea, hoy había decidido volver un poco antes. Últimamente volvía justo para la hora de la cena común o a veces ni siquiera a eso, y aunque me encanta pasar tiempo en el bosque ya empezaba a extrañar el ambiente del clan.

Llego al zongtseng que Metya y yo compartíamos. Normalmente no son muy amplios ya que tampoco tenemos la necesidad de albergar a toda una familia entera, es decir, familias si que había, pero de las nuestras, familias Huyuticaya, esas que se componen por una madre y su hija o hijo, con mucha suerte dos.

Al entrar me encuentro a Metya, en el centro de la estancia tejiendo algo, al escucharme entrar me saluda tranquilamente.

- Ma Rihia - dice levantando la mirada de la prenda que tejía para posarla en mi.

- Ma Metya - le saludo sentándome junto a ella.

- Hoy llegas temprano - pero para cuando me lo dice su mirada ya a vuelto a su tarea.

- Si - hice un pequeña pausa. - Hoy si - ella deja la prenda a medio hacer a un lado y me mira a los ojos.

- ¿Podemos hablar? - me pregunta, y en ese mismo instante todo mi cuerpo se paraliza.

- Claro, ¿que te preocupa? - y miro bien sus ojos tratando de adivinar lo que estaba a punto de decirme.

- Tu... últimamente... has estado ausente. - consiguió decir, era como si no supiese como decirme lo que pretendía. Estaba a punto de contestar algo, quería cambiar de tema, me daba miedo lo que pudiera decir, pero ella fue más rápida - ¿Cuál es su nombre?

Esta vez si, estaba completamente paralizada, mi cuerpo, mis pensamientos, mi voz... Y Metya no es idiota, se dio cuenta al instante y envolvió mis manos con las suyas en un intento de sacarme de aquel trance.

- La manera en la que te mira. - empezó - Es como si estuviera dispuesto a recibir una flecha por ti.

- ¿Y eso es malo? - logré preguntar con un fino hilo de voz.

- No... solo es intenso. - dijo acariciando suavemente mis manos con las suyas, tranquilizándome. - Eres diferente con él, si él se mueve tu te mueves, si tu te mueves el se mueve... - parecía intentar encontrar una palabra. - Como imanes. - dijo finalmente.

- No lo se, es... - empecé.

- Amor - terminó ella.

No pude evitar abrazarla y esconder mi cabeza en su pecho, como una niña pequeña, si, así era justo como me sentía, pequeña y atemorizada.

- Tengo miedo. - susurré muy bajo.

- Lo entiendo, es normal sentirse así, a veces esta bien sentir miedo porque cuando te abandona sabes que has evolucionado, que has ganado... el miedo te da la posibilidad de crecer. - dijo mientras daba suaves y cálidas caricias en mi cabeza.

- ¿Y tu quieres que venza mi miedo? - pregunté mirándola ahora a los ojos.

- No - dijo con una leve sonrisa en la cara. - Yo solo quiero que elijas lo que te convenga a ti. - otra pausa. - Tu serás la que viva con tus decisiones.

Pasé la noche entera pensando en lo que Metya me dijo. ¿Tendría razón? Realmente no lo se, ella había mencionado el amor, pero ¿Qué era eso realmente?

Al despertarme Metya ya se encontraba preparando el desayuno, la saludé y me senté a su lado. Tras darle gracias a Eywa nos dispusimos a comer.

- Ma Metya - dije llamando su atención.

- Mmh

- ¿Tu alguna vez te has enamorado? - le pregunto curiosa. Ella miró durante unos instantes hacia el cielo.

- Si, su nombre era Reyon, y si, yo lo amaba. - su mirada parecía perdida.

- ¿Entonces, por que Metya? ¿Por que matarlo? ¿Lo merecía? - pregunté, aunque realmente no sabía si lo que estaba haciendo terminaría en algo bueno.

- Es tradición Huyuticaya, las cosas se hacen así. -me explicó.

- ¿Por que las cosas se hacen así? ¿Esa es la respuesta? ¿Matamos a los que queremos por una simple profecía? - dije algo indignada.

- No, Ma Rihia. - hizo una pausa y empezó a explicar. - Va mucho más allá de una profecía. La unión es el inicio de una nueva vida, a si que sacrificamos lo que más queremos para darle vida a lo que más querremos de por vida, es una vida por otra, así se mantiene el balance, se cierra un ciclo para poder abrir otro.

Neteyam

Esta vez nos dirigíamos a una zona nueva, serviría para expandir nuestro mapa; además Rihia me había explicado que era una zona ideal para practicar la pesca, según ella lo que peor se me daba. Estaba preocupado, hoy Rihia no era la misma de siempre, ¿Qué como lo sabia?, bueno para empezar hoy había aparecido como si nada, andando, nada de esconderse entre la vegetación, acechar y planear un ataque que yo intentaría esquivar. Pero eso no era todo, puede parecer raro pero hoy estaba más distante de lo habitual, tampoco habló mucho durante el trayecto, pero sungo que eso se debía a que algo le rondaba en la cabeza, yo no la molesté.

Finalmente llegamos a una zona idílica, de hecho me costaba creer que perteneciera a este mundo. Nos encontrábamos frente a un conjunto de grandes cuevas que a su vez eran cascadas, todas ellas desembocaban en un gran lago común de agua cristalina. Tanto los peces como la vegetación aquí llamaban mucho la atención, sobre todo por sus llamativos colores neón.

La lección transcurrió con normalidad, ella me explicó todo sobre cada una de las especies que nos encontrábamos, tanto su función y como cazarlas. Tras un duro entrenamiento nos dimos un pequeño descanso, y mientras ella comía algo yo me sumergí en la zona más profunda del lago. Realmente me encantaba este lugar, y aunque no se parecieran en absoluto me trajó muchos recuerdos de los Metkayina, mi familia y mi vida antes de morir. Los echaba mucho de menos.

- ¿Skxáwng, se puede saber que hacer ahí? - escucho a Rihia llamarme desde la orilla.

- Ven, metete, el agua no esta tan fría. - dije haciendo señas para que viniera. Puede que estuviera lejos, pero estoy seguro de que rodó los ojos para empezar a meterse en el agua. Pronto me di cuenta de algo, ella se detuvo en la orilla, donde el agua aun le llegaba por la cintura. - ¡Vamos no te creo! No puede ser que un skxáwng sepa nadar y tu no. - la molesté.

- Por fin admites lo skxáwng que eres. - dijo, mientras yo me acercaba hacía ella salpicándola. - ¡Hey! ¡Para! Me estas empapando. - se quejó.

- ¿Entonces no sabes nadar? - volví a molestarla.

- Claro que se nadar. - me contradijo.

- Entonces demuéstramelo. -dije mientras la observaba de arriba a abajo. Sabía que no sabía nadar, pronto lo admitiría, estoy seguro.

De repente empieza a nadar hacía mi, adentrándose en la zona más profunda; no sabía hacerlo, pero aun así ahí estaba tratando demostrarme que si que sabía.

- Ves... skxáwng. - dijo al llegar a mi. - Si que se nadar. - pero no pasan ni dos segundos y se hunde.

Rápidamente me sumerjo en el agua, la agarro con cuidado y la saco a la superficie. Ella respira aire exageradamente, estoy seguro de que tragó mucha agua. Al recordar que no tocaba suelo, como instintivamente, enrolló sus piernas en mi cintura y me rodeo los hombros con sus brazos. Y como cada vez que se acercaba a mi, un característico nerviosismo me invadió, no sabía por que me pasaba, pero ya parecía costumbre.

- Pues menos mal que sabias nadar. - me reí, a lo que ella me dio un golpe suave en el hombro.

Intenté enseñarle a nadar, pero no es tan buena aprendiz como profesora ya que se negó rotundamente a ello, a si que como se negaba a soltarse y según ella poner en riesgo su vida, se subió a mi espalda y la llevé hasta la orilla llegando sana y salva.

Fue anocheciendo y tras cenar lo que habíamos pescado decidimos dormir en el interior de una de las cuevas, ya que era bastante tarde y nadar nos había dejado agotados. Al parecer a algunos más que a otros ya que ahora mismo ella se encontraba a mi lado completamente dormida.

Tanhì Taw ( Neteyam Sully )Donde viven las historias. Descúbrelo ahora