HACE DIEZ AÑOS
UNIVERSIDAD LOCKLAND
El dolor había regresado, y Victor volvió en sí, gritando.
Angie estaba forcejeando con sus manos, intentando hacer que soltara las
barras. Victor se lanzó hacia adelante, aferrándose la cabeza. ¿Por qué aún sentía
la electricidad? El dolor era una ola, un muro, que destrozaba sus músculos, su
corazón, y le desgarraba la piel. Angie estaba hablando, pero Victor no podía oír
nada en medio de su sufrimiento. Se acurrucó y ahogó otro grito.
¿Por qué no desaparecía el dolor? ¿POR QUÉ NO TERMINABA?
Y entonces, tan súbitamente como si hubiera pulsado un interruptor, el dolor
cesó, y Victor sintió… nada. Las máquinas ya no estaban funcionando, todas sus
luces estaban apagadas. Angie seguía hablando, rozándole la piel con las manos,
desatando las correas de los pies, pero Victor no la oía: se miraba las manos y se
asombraba por la repentina oquedad, como si la electricidad le hubiera quitado la
sustancia a sus nervios y hubiera dejado tan solo cáscaras.
Vacío.
¿A dónde habrá ido?, se preguntó. ¿Volverá?
En la repentina ausencia de dolor, intentó recordar lo que había sentido, evocar
la sensación, una sombra de ella, y fue como si volviera a accionar el interruptor,
la energía regresó, crepitando como estática en la sala. Oyó el crujido del aire, y
luego oyó un grito. Por un instante, se preguntó si había sido él, pero el dolor estaba más allá de él, fuera de él, vibrando sobre su piel sin tocarla.
Se sentía lento, aturdido, mientras intentaba procesar la situación. No le dolía
nada; entonces, ¿quién gritaba? En ese momento, el cuerpo se desplomó al suelo
del laboratorio junto a la mesa, y el espacio entre los pensamientos de Victor se
cerró, y recobró el sentido.
Angie. No. Bajó de la mesa de un salto y la encontró retorciéndose en el suelo,
gritando de dolor, y pensó ¡Basta!, pero el zumbido eléctrico siguió creciendo
alrededor. Basta. Angie se aferró el pecho.
Victor intentó ayudarla a levantarse, pero cuando la tocó, Angie gritó más
fuerte aún, así que retrocedió, lleno de confusión y pánico. El zumbido, pensó.
Tenía que reducirlo. Cerró los ojos e intentó imaginarlo como un botón selector,
imaginarse girando un mecanismo invisible. Intentó sentirse en calma.
Entumecido. Lo sorprendió la facilidad con que le llegó la calma en medio del
caos. Y entonces tomó conciencia del horrible silencio que se había hecho en la
sala. Victor abrió los ojos y vio a Angie en el suelo, la cabeza hacia atrás, los
ojos abiertos, el cabello rojo como una nube en torno a su cara. El zumbido del
aire se había reducido a una leve vibración, y luego a nada, pero aun así era
demasiado tarde.
Angie Knight estaba muerta.
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Una obsesión perversa
Genç KurguVíctor y Eli eran dos estudiantes universitarios brillantes pero arrogantes que reconocían, el uno en el otro, la misma agudeza y la misma ambición. En el último año de su carrera, el interés compartido por la adrenalina, las experiencias cercanas a...
