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— Tarde.
— ¡Por Dios, Eden! — chilló Harry, aterrorizado de escuchar esa voz tan arrastrada justo detrás de él en medio de la oscuridad. La azabache sonrió ladinamente con cierta burla, acercándose a él—. ¿Por qué querías verme? Hermione me dijo que era importante.
— No es seguro hablar aquí — tiró de su brazo, y tomó la misteriosa capa de invisibilidad entre sus dedos. Fina, suave, apenas pesada. Era toda una maravilla—. Cubreme a mí también. Ni como prefecta me salvo si me ven por los terrenos tan entrada la noche.
Con cierta incomodidad, lanzó la capa sobre sus cabezas. Eden era algo más alta que él, por lo que tuvieron que juntarse para no dejar ver sus pies y así avanzar hacia donde fuera que quisiera llevarle la hija de Snape. El frío de noviembre calaba por sus viejos calcetines dejándole helado, pero siguió los silenciosos pasos hasta que estuvieron a una distancia alejada del castillo y ella se dignó a hablar.
— Krum y Delacour ya conocen los detalles acerca de la prueba — susurró—. Considero una completa falta de honor tratar en secreto las futuras pruebas para dar ventaja a quienes ya cuentan con ella, por eso estás aquí. Si vamos a ser deshonestos, seamoslo al completo.
— ¿Vamos a ver la prueba? — exclamó. La azabache asintió. Cada vez estaban más cerca de una cabaña que conocía a la perfección—. ¿Por qué me ayudas?
— Considera esto una deuda cobrada. Yo traté de dejar morir a tu padrino, ahora te ayudo a que no te mueras — repuso con simpleza—. ¿Moody te ha dicho algo del Torneo?
— ¿El profesor Moody? No, nada — negó. Eden era un saco de misterios, aunque en el fondo era agradable. Al menos, más que su amargado padre.
— Hazme un favor, y si se acerca a ti respecto a algo del Torneo dímelo — pidió, llamando a la puerta de la cabaña. Hagrid abrió algo confundido por el vacío, pero después se inclinó hacia donde creía que estaban sus cabezas.
— Hola Harry y Eden — parecía muy contento. Estaba muy bien peinado, con sus mechones algo afro sin nudos y recogidos con algo de gomina. Además olía a colonia y vestía muy elegante. A Harry le causó algo de gracia, aunque Eden parecía orgullosa de verle así—. Vamos, seguidme en silencio y no os separeis. Eden, ¿me ha quedado bien la coleta?
— Estás perfecto, Hagrid — afirmó.
— ¿Tú le has ayudado? —susurró Harry una vez Hagrid se alejó para ir a recoger a Madame Maxime a la carroza de Beauxbatons.
— Tiene una cita con la directora de los francesitos, estaba muy ilusionado y me daba algo de vergüenza ajena verle prepararse por su cuenta.
Durante el camino al bosque prohibido, fue algo incómodo para ambos adolescentes. No sólo ambos adultos estaban tonteando en sus narices, sino que además debían ir pegados para no dejarse ver. Algo raro, ya que hasta el momento Eden afirmaba que él era insoportable y él a ella le llamaba Acusica. En realidad, Harry seguía sin procesar que Eden le estuviera ayudando para sobrevivir al Torneo y hubiera sido la primera en creerle. Eden hablaba de actitudes sospechosas cuando ella era la que parecía haber perdido la cabeza.