FOURTEEN | CHIT-CHAT

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La noche del veintiséis de julio, Eden despertó perturbada por una pesadilla. No era algo inusual, por eso había decidido que era más sensato deslizarse sigilosamente cuando Fred dormía para descansar en el sofá y, minutos antes de que despertara, volver a la cama. No quería despertarle en mitad de la madrugada por un sobresalto y tener que explicar que había soñado con las maldiciones que estudiaba tan a detalle.

Esa noche del veintiséis había soñado con el Sectum Sempra. A diferencia de otros sueños, la persona afectada por la maldición no era una figura sin rostro o nombre. No era una silueta, o unas facciones desconocidas. Era ella. El rayo de luz impactaba en ella, atravesando su pecho, cruzando su caja torácica, y rasgando profundamente su torso. No podía hacer nada más que caer al suelo a esperar su muerte, y despertó cuando la misma varita que había tratado de asesinarla buscaba sanarla. 

Comprobó la hora, y en silencio volvió al cuarto. Fred dormía, acurrucado en la almohada, y no sintió cuando ella volvió a tumbarse a su lado. Normalmente solo tenía una pesadilla por noche. Cada una, una maldición diferente. Una víctima nueva. Una prueba de que sus horas de estudio estaban dando sus frutos. Soñar con maldiciones que jamás había realizado era la prueba definitiva de que estaba lista para pronunciarlas en alto. Aún si eso estaba destrozando su ciclo de sueño y humor. Probablemente también su salud. Las Artes Oscuras se adueñaban por completo del alma y mente de los usuarios que se adentraban en ellas.

Durante el día, cuando sus rutinas comenzaban, Eden volvía a las anotaciones del Príncipe Mestizo en esos antiguos y desgastados libros. Su padre debió haberlos conseguido de alguna boutique de libros de segunda mano. 

Alastor apremió esa actitud. Expresó lo satisfecho que estaba al saber que había decidido abrazar esa parte de ella, expandir su talento y conocimiento en Artes Oscuras, y sintió una presión mayor, un peso sobre sus hombros muy diferente al que ya sostenía. No podía decepcionar a Moody, no después de todo lo que estaba luchando por ella, por la Orden.

— ¿Eddie? — murmuró. Probablemente dormido. Dejó una pequeña caricia en sus hebras naranjas, pensativa, y Fred volvió a dormir tranquilo.

Y como si nada hubiera ocurrido, despertó no más de dos horas más tarde con el bullicio de sus amigos. Fred y George reían en la cocina, preparando el desayuno juntos, y se perdió en esa imagen por largos minutos. No se percataron de su presencia junto a la puerta, y lo prefirió así. Quería contemplar algo normal, natural, antes de caer de vuelta en la realidad. Antes de volver a sus libros, a las reuniones con la Orden. A la guerra. 

Las malas noticias comenzaron a llegar a las diez. Mientras organizaban el almacén con una suave melodía de la radio de fondo, la transmisión se cortó por una noticia de emergencia. Más muertes, más fugas masivas, más desaparecidos. George apagó la radio sin comentar nada en absoluto. Fred trató de continuar la melodía de la canción. Eden siguió contando cohetes. A las doce, volvieron a encenderla. Tan solo seis canciones después, se anunciaron más desgracias. Volvieron a apagarla. A las cuatro, un patronus les convocó en la sede oculta. Era el de Kingsley.

𝗣𝗢𝗧𝗜𝗢𝗡 ━ 𝐹𝑟𝑒𝑑 𝑊𝑒𝑎𝑠𝑙𝑒𝑦Donde viven las historias. Descúbrelo ahora