5⛥Armadel

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Gracias eternas, Geneva Morte.]







Aquella pesadilla fue implacable.

Yacía sobre un infinito suelo lleno de sangre. Mi rostro estaba sumergido casi por completo por lo que cuando apoyé mis manos para impulsarme ahogué de manera sonora un grito al tomar una bocanada de aire.

Mi cabello negro cubría la mitad de mi rostro así que abrí mi ojo al descubierto para fijar la mirada en mi cuerpo cubierto de sangre. Apenas era perceptible el color oscuro de la fina tela de mi vestido. Miré a mi alrededor pero no había nada que no fuera un horizonte de oscuridad y suelo sangriento. Antes de ponerme en pie permanecí un desconocido tiempo de rodillas, preguntándome qué lugar era aquel y el porqué de su revelación en mi mundo onírico.

Porque sabía bien que estaba durmiendo.

Llevé los dedos de mi mano derecha a mis labios para apartar un poco de sangre de ellos pero de igual modo me fue imposible el no saborear el sabor del metal.

-¡Mami!

Mi cabeza se alzó con la misma rapidez que mis ojos se abrieron como platos al escuchar aquel grito lejano en forma de eco desgarrador.

Inmóvil agudicé mis sentidos.

Aguanté incluso la respiración pero cuando el mismo grito con la misma inconfundible voz volvió a invadirme quise levantarme. Mis sentidos actuaron incluso más rapido y bajé la mirada al reflejo de la sangre en frente de mí.

-¿A-Alaida?

Mi débil tartamudeo al apreciar su rostro dentro generó tal despesperación en mí que impacté las palmas de mis manos sobre el suelo con la idea de poder atravesar todo y volver a tocarla y abrazarla para no soltarla nunca más.

Las hondas que produje hicieron desaparecer su rostro pero a menos de dos metros de mí volví a escuchar su grito.

-¡Ayúdame, mami! ¡No quiero seguir aquí!

Corrí hasta dejarme caer de nuevo en el lugar exacto donde volvió a manifestarse y agachándome sollocé.

-¡¿Dónde es aquí, pequeña?! ¡¿Dónde estás?!

Sus pequeñas manos fueron impactadas desde el otro lado y acabé colocando las mías sobre ellas.

Era una clase de espejo irrompible. Dos dimensiones separando a una madre y a una hija, tentando a la mismísima locura y jugando a poder verse pero no tenerse.

-Ayúdame, mami. -sollozó antes de cerrar los ojos y bajar la cabeza.

Su reflejo fue desapareciendo poco a poco y mi grito desgarrador resonó como un inifito eco mientras golpeaba con fuerza el suelo, salpicando sangre por doquier.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora