[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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POV DEIMOS
Llevaba tiempo sin rezar, pero mi hija decidió abrir la boca.
Le hice jurar a su madre el eliminar las mentiras de nuestras vidas, pero fui el primero en romper ese juramento.
¿La razón? Exactamente la decepción y cólera que ahora bañaban los ojos de mi villana.
Desde que desobedecí la orden de mi padre, no sólo la salvé de una trágica muerte sino que me condené en el placentero dolor que era amarla, servirla y protegerla por nuestra eternidad.
Cada bendito acto que había hecho desde que empecé a amarla, había sido únicamente con la intención de mantenerla a salvo.
A salvo conmigo.
Sabía que Kimberly lloraría durante semanas, pero se le pasaría. Recapacitaría y el amarme le haría perdonarme.
¿Pero Goetia? La indomable criatura lucía como queriendo arrancarme el título del terror en el campo de batalla a latigazos.
Aún así, la follé como lo éramos en esa sala. Dos enemigos. Dos energías cuya dualidad nunca aceptarían, al menos no con el nombre de Nysha de por medio.
El ángel en mí insistió en darle su espacio, de modo que regrese cuando estuviera lista para establecer un sano diálogo. Pero lamentablemente, al sangriento guerrero en mí le fascinaba escucharla maldecirme con la misma boca con la que me sacaba gemidos como himnos celestiales.
Pasé mis manos por mi cabello mientras el agua helada de la regadera activaba cada músculo de mi cuerpo desnudo. Con la cabeza agachada coloqué ambas manos contra los azulejos rojos e inspiré hondo, recordando quién cruzaría la entrada de la mansión en unas horas.
¿Invitarla a cenar? ¿Qué planeaba?
Antes de conocer al demonio favorito de Dios, vagaba por el paraíso con mi espada y alas manchadas de la sangre de las criaturas de su mundo. Los santos, los justos e idiotas con coronas de luz siempre me hacían saber lo orgullosos que estaban de mí y de mis grandes enemigos infernales domados y conquistados, sin saber que yo no ansiaba sus alagos; lo único que ansiaba el terror en el campo de batalla era el ser conquistado.
Pero no esperé jamás el serlo a un nivel tan... Despiadado.
Kimberly Goetia arrancaba de mí a su antojo el peso de la divinidad y siempre terminaba desnudo, temblando y tartamudeando frente a ella. Y no, no creo nunca presentar queja alguna.