[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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Nota: ¡Hemos vuelto! Gracias por vuestra espera y el seguir aquí siempre. ¡La trilogía tiene más de medio millón (500K) de visitas! Sigamos compartiendo por redes sociales o cualquier otro medio para llegar a más personas y poder abrir más puertas. ¡Retomamos la publicación cada 2/3 días, bellas almas! Esta nueva temporada vendrá con lágrimas, risas y sobre todo mucho romance y acción... ¡Disfrutadlo!
-¿Y bien? ¿Por dónde empezaremos esta nueva etapa?
-¿Nueva etapa? Creo haber perdido la cuenta de cuántas llevamos. -sonrió Idalia en respuesta a Tracy.
Ambas habían decidido estos días teñirse de nuevo el cabello en honor a la pequeña Alaida. El de Tracy era negro con mechones teñidos de blanco y el de Idalia blanco con mechones negros.
-Sugiero el centrarnos en el infierno. -habló Lorcan, de brazos cruzados y ojos que seguían impactando a cualquiera que se fijara en ellos.
-¿El infierno? Hermano, eso ahora mismo no es algo que podamos controlar. -le respondió Cirox quien junto a Mavron estaban sentados en el bordillo de los grandes ventanales abiertos frente a mí.
-Opino lo mismo. -asintió este último.
Cirox y Mavron solían perderse largos días entre los humanos, aún gozando y obteniendo información que podría sernos relevante a la orden. Mavron, con su inmortal trenza rubia sobresaliendo de la parte trasera de su cabeza, seguía asustando a Alaida con la escandalosa pintura negra que solía colocar alrededor de sus ojos verdes mientras que su hermano Cirox, con su usual cabello cenizo más largo de lo normal, adoraba pintarle a mi hija los labios del mismo color que los suyos... Y digamos que a Deimos no le gustaba el tono negro.
-Deberíamos dejar los asuntos infernales para el final. Es algo que acabaremos enfrentando tarde o temprano así que mejor no gastar nuestras energías nada más comenzar. -terminó diciendo, observándome fijamente con su singular ojo izquierdo.
Me arremangué las mangas de la toga negra de la orden para después apoyar las manos sobre la fría roca en forma de triángulo invertido que ejercía de mesa. Colocada en la punta del sur continué mirando y escuchando a cada uno, pensando fríamente y calculando el peso del riesgo que acarrearía cada decisión.
-¿Pero y si eso les da ventaja? -prosiguió Alexander, sentándose en uno de los extremos de la mesa.
-¿Más ventaja que la de estos meses? -rió Jacob.- Amigo mío, si hubiesen querido atacarnos ya lo habrían hecho. No deberíamos de cuestionarnos el cuándo sino el...
-¿Por qué? -terminó susurrando Richard por él.- ¿Por qué no atacarnos aún?
-Tal vez estén esperando un movimiento nuestro. -se acercó Tracy, apoyando su mejilla en el hombro de su novio.
-Al igual que el reino divino, entonces. -sonrió Mavron, atrayendo de lleno toda mi atención.
-¿A qué te refieres? -fruncí el ceño sin moverme aún.