48⛥Soldier

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Cada latido era una súplica de mi corazón para dejar de respirar.

Él tampoco quería latir.

Él tampoco quería seguir viviendo.

No en ese lugar. No en ese mundo.

El aire sabía a óxido y a tragedia.

Mi voz fue arrancada por mí misma, por voluntad propia. Así que durante el tiempo que permanecí en el castillo de mi madre aquello resultó ser un sacrificio torturador porque a veces lo único que quería era gritar a todo pulmón.

De rabia. De infierno.

Las heridas que sanaban de mi cuerpo eran reemplazadas al instante por las que me dejaban  las torturas de Satán. Le desagradaba mi desobediencia, mi silencio y mi presencia en general por más que les haya hecho creer a todos que estaba más que emocionado por casarse conmigo.

No.

Estaba emocionado por poseerme.

Estaba emocionado por dominar a la más rebelde del infierno.

Durante incontables noches y suspiros yacía en el suelo de una de las incontables habitaciones del castillo. Tumbarme en la cama me ponía más de los nervios por alguna razón así que sólo daba vueltas por la habitación esperando la siguiente tortura del mayor demonio de todos.

Dándole la espalda a la puerta seguí tumbada, mirando a la nada. Las lágrimas se habían secado en mis mejillas desde hace rato pero mi mente seguía divagando en recuerdos y dolor. Me golpeaban en silencio, y aquello dolía más que los dardos de fuego que Satán clavaba en mi cuerpo después de incontables copas. Le encantaba divertirse torturando un cuerpo humano.

Y más uno femenino.

No estaba destruida. Puede que físicamente sí, pero mi interior seguía rugiendo. Lo que viví al ser secuestrada por el Vaticano parece haber sido una preparación para este momento ya que por más veces que entrara en pánico y acabara arañando las paredes sin ventanas de la habitación, continuaba pensando en maneras de vivir.

En maneras de seguir latiendo.

La puerta chirrió al ser abierta con lentitud pero no me moví. Aquel acto significaba que era hora de comer, por lo que probablemente volvería a ser una escena llena de orgullo, humillación y heridas.

No sentía las piernas ni las manos debido a que la sangre apenas corría por estas últimas. Pero mi nombre pesaba. Demasiado.

Goetia era consciente de que me temían. Todos. Todos ellos.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora