[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
Miré la tumba de mi abuela para después proceder a hacer lo mismo con la de Tracy y cuando finalmente alcé la mirada hacia el mueble en el que estaban las cenizas de Alexander no logré resistir la pena producida por los recuerdos de sus trágicas muertes. Tapé mi rostro con una mano mientras agachaba la cabeza y sollozaba en silencio.
Me imaginaba la gigante sonrisa de Tracy al saber que su amiga se había convertido en la princesa lilim del infierno. Pero nada igualado a la reacción de mi abuela y de Alexander descubriendo que no sólo era una princesa coronada sino también una prometida.
Quise hablar pero no pude. Abrí y cerré incontables veces la boca pero sólo acababa negando y volviendo agachar la cabeza para llorar.
Por más felicidad y plenitud que tuviera en mi mesa, con cada risa mi mente volvía a reproducir la ausencia de aquellos que deberían de estar pero que por una cosa u otra, por mi culpa no estaban. Y en momentos como estos, en los que había tantas cosas buenas que cerebrar, dolía demasiado su pérdida.
Dolía la muerte.
La lluvia caía con fuerza en el exterior pero, protegida por la cúpula de vidrio, procedí a levantarme para agacharme junto a la tumba de mi abuela y proceder a realizar un acto espiritual que me seguiría uniendo a su alma por la eternidad.
Dejé posar mis labios sobre su lápida y tras contar hasta tres los separé para esta vez dejar chocar mi tercer ojo contra ella. Este acto era una promesa para que continuara viviendo vívidamente en mi mente su espíritu. Para no olvidar sus ojos. Para no olvidar su amor...
Para no olvidar su sonrisa.
Y lo mismo realicé con Tracy y con Alexander.
Y acariciando mi anillo de compromiso con el pulgar agaché la cabeza con respeto antes de abandonar el lugar.
Reunirme con ellos era necesario, sobre todo para recordarme una parte de mi vida terrenal que no debía de dejar atrás. La lluvia azotó cada parte de mi cuerpo en mi regreso a la mansión, montada sobre Soldanus, quien sintiendo mi dolor procedió a caminar con lentitud para darme tiempo a recuperar la compostura.