[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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-Me sorprende que haya sido tu idea.
Continuamos caminando.
-No había muchas opciones.
-No me desagrada. Confío en él.
Toqué el timbre en forma de pentagrama invertido.
Miré de soslayo a Deimos, quien continuaba evadiendo mi mirada.
-¿Silas? -miré al murciélago sobre volando el hogar de nuestro aliado.
Quiso descender a saludarme pero Hades, tan fastidioso como siempre, pasó volando junto a él con una velocidad que desorientó a mi pequeño amigo.
Pero tan rencoroso como su dueña, le siguió con un chillido que prometía arrancarle más de una pluma.
-Quiso buscarte, pero le prohibí el moverse de aquí. -me explicó.- Mientras preparaba un ejército para buscarte, él no alejó sus ojos de Alaida.
Mientras preparaba un ejército para buscarte.
Las preguntas fueron demasiadas.
Mis dedos estaban a centímetros de los suyos así que discretamente acerqué mis nudillos a los suyos, pero antes de poder dejar una decente caricia él apartó la mano para colocarla frente a él.
No quise darle mucha importancia y él vestido con toga negra y con la capucha tapando su revuelto cabello, y yo aún con el atuendo de guerrera vikinga aguardamos tras volver a llamar al timbre. Aún estaba bañada en sangre seca y él tenía numerosas manchas también en su rostro y manos. Continuamos aguardando bajo el frío clima de nieve.
La puerta se abrió para dibujar una pequeña sonrisa en mi rostro al ver el suyo en shock.
-Hola, Angelo.
-Por el sombrero de Merlín. -la sangre había huido de su piel.- Estás viva.
Vestía un traje azul oscuro de seda con una corbata color salmón, sin camisa alguna debajo de esta. Su cabello estaba engominado hacia el lado izquierdo.
Sus ojos grises traían pequeñas ojeras.
Noté que no tenía consigo el bastón.
-Siempre lo estoy. -asentí.- ¿Cómo a sido el trabajo de niñero?
Nos dejó entrar y el calor de su cueva me hizo suspirar de alivio.
-El bastón está guardado bajo llave. Nunca me había separado tanto tiempo de él, pero lo prefiero a que termine partido en dos. -le seguimos.