[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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-No puede ser.
Mis manos temblaban mientras las observaba frente a mí.
Nada.
No ocurría nada.
Con cada extremidad del cuerpo tensada caminaba de una esquina a otra de la habitación, con Nevan sentado junto a la puerta y cuestionándose en pequeños ronroneos felinos lo mismo que yo.
¡¿Porqué no ocurría nada?!
Habíamos regresado a la mansión en uno de los vehículos privados del doctor, cosa que no me hizo gracia alguna disponiendo de mi poder. Pude haber abierto un maldito portal y listo, ¿no?
¡PUES NO!
¡No abrí ningún portal porque no podía!
¡No podía manifestar la magia níritri! ¡No podía manifestar la luz divina!
¡NO PODÍA USAR MIS PODERES!
Todo había comenzado cuando el doctor me dejó a solas tras estrellar la máquina contra el suelo y gritar como poseída contra las almohadas.
Embarazada.
Por segunda vez.
¡Embarazada!
Y no sólo eso.
¡Embarazada y sin poderes!
¡Pasen y vean! ¡Pasen y vean! ¡Subasta de magníficas noticias!
Estrellé mis puños contra la cama y mordí las sábanas, gritando de frustración. Jadeando miré a Nevan quien lamiendo sus bigotes pareció rodar los ojos.
Nunca le gustaba mi comportamiento de bestia infantil.
Al ponerme en pie volví a intentar hacer magia por milésima vez pero terminé sentándome y sollozando sin lágrimas. Me observé un momento en el espejo de cuerpo entero.
¿La pérdida de apetito había sido por eso? ¿El embarazo? ¿Y el que mi madre Lilith oliera algo diferente en mí? ¡Pensé que era el olor a Deimos!
Caminé lentamente hacia el reflejo y aún vestida con el pijama gris del hospital coloqué las manos sobre mi vientre. Poco a poco mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
-Diso mío, ¿qué voy a hacer? -acto seguido fulminé el techo con la mirada al haber salido aquello automáticamente de mi boca.- ¡¿Qué pretendes?! -bramé lo más bajo posible, alzando los brazos y dejándolos caer.- No sólo me vas a usar para tu antojo de crear un monstruoso ejército, ¡sino que ahora pretendes que lo haga embarazada! Y s-sin... s-sin... -miré mis manos temblando.- ¡Sin poderes!