[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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-No.
Mi corazón se detuvo.
-¿Qué? -susurré.
-No lo haré.
Volvió a latir, pero aún se sentía como habérmelo arrancado de cuajo.
-Mi espada seguirá protegiendo a esta familia. No me alejaré de vosotros.
Todos hablan de cómo tus sueños pueden hacerse realidad, pero nadie te advierte de que los miedos también.
Y en ese momento, lo que más temía se hizo realidad.
Toda la mesa quedó en silencio. Lo que iba a ser una pacífica cena fue el terror de muchos.
La única que no comprendía lo que pasaba era Alaida, quien continuaba bebiendo de su vaso de zumo de naranja sin entender la razón de la mandíbula tensa de su padre y de mis ojos llenos de lágrimas.
Graciela fue la única que reaccionó, limpiando su boca con una servilleta y levantándose para pedirle a Alaida el que la acompañara.
-¡Pero aún no he terminado mi zumo!
-Puedes llevártelo, cariño. Pero necesito tu ayuda para darle de cenar a los animales del establo. ¿Me acompañarás?
Escuchar la palabra animales le hizo olvidar incluso el zumo y dejando el vaso sin cuidado alguno sobre la mesa chilló como afirmación, bajándose de la silla y echando a correr hacia la salida.
El eco de su voz negándose a la conquista que casi me arrebata la vida me atravesó en forma de mil flechas de luz.
El reino de las anomalías, conquistado con mi propio dolor y sufrimiento, ahora lucía como un simple monumento inútil. Le tenía fe a muy pocas cosas en mi vida, pero se la tuve a esa acción. Una que ahora lentamente comenzaba a convertirse en una bruma gris.
Mis manos, apoyadas sobre la mesas, mientras que Goetia manifestaba poco a poco una mirada de amenaza al tiempo que Kimberly la empañaba con demasiadas, demasiadas lágrimas.
El aire que inhalaba por la nariz se sentía pesado, porque mis pulmones apenas podían almacenarlo. Él prosiguió comiendo su filete de pollo mientras que los demás me miraban con lástima en los ojos.
Lloraban en silencio por la ama, no por el amo.
Por lo ridícula y perdida que lucía ahora mismo la criatura más única de todos los tiempo. Una que había luchado, mordido y sangrado por amor... Por un amor que ahora la rechazaba. No pude hablar, me fue imposible.