[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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El silencio en la mansión resultó ser demasiado profundo.
Junto a mis lamentos al hundirme en la bañera, entre susurros de desesperación y planificación de salidas victoriosas de aquella desastrosa aventura terminé por suspirar dramáticamente.
Mi mente estaba tomando decisiones con demasiada rapidez. De nuevo. Era imposible el descansar. Así funcionaba Goetia. Y era consciente del desvelo que generaré con estas mismas.
La puerta del cuarto de baño se entre abrió y la luz de la gruesa llama de la vela roja dejó a la vista a un ojeroso Deimos pero igualmente de una belleza apocalíptica, quien caminó en silencio hasta acuclillarse a mi lado.
Nos miramos fijamente.
Acarició con sus dos galaxias oscuras la herida de mi labio y luego ascendió hasta la de mi ceja.
No había pegado ojo y lo sabía de sobra. Nunca lo hacía si no me tenía cerca.
Leyó cada fría emoción que surcó mi mirada, y aún así hizo una pequeña mueca que me dio a entender que estaba deduciendo perfectamente lo que estaba sucediendo.
-Nos hemos quedado sin coche. -susurré.
No sé si fue mi aniñada voz o el temblor en ella, pero apoyando un codo sobre su rodilla acarició su mandíbula con una pequeña sonrisa.
-¿Qué dijimos de colocarte tras el volante?
Alcé lentamente una comisura de mi boca, sin dejar de mirarle fijamente.
Cero mentiras.
Inspiré hondo y jugué un rato con la espuma de la bañera.
-El enemigo es alguien que quiere vengar la muerte del general sombra. -no alcé la mirada.- Es una mujer... maligna. Fría y siniestra. Y quiere a nuestro hijo.
Aguardé pacientemente a una reacción dramática.
Como maldecir. Levantarse y romperlo todo... Volver a echarme la culpa, tal vez.
Pero no. Cuando le miré estaba... Demasiado pacífico. Alcé una ceja.
-¿No estás preocupado?
Fue su turno de mirarme con cierto sarcasmo.
-¿Se te olvida quién es su padre? -medio sonrió.- No permitiré que nada le pase a mi hijo. Ni a ti tampoco, por supuesto.