[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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-Os quedaréis aquí cuidando de Alexander y Alaida.
-¿Qué? ¡No es justo! Queremos vengar también la muerte de...
-Por favor, Idalia. -mi voz fue tan inestable que pareció apiadarse de mí y agachar la cabeza junto a Lorcan, Richard y Jacob.
Alexander soltó un gemido al volver a sentarse en el sofá y mis ojos se llenaron de lágrimas, perdiéndose en la sangre que manchó su mano cuando la posó sobre su estómago.
¿De qué servía la maldita magia si no podía salvar a mi mejor amigo?
¿De qué mierda servía todo el poder que tenía?
-Jacob, ve a por nuevas vendas. Probablemente haya que volver a coser la herida. -murmuró Richard, ayudando a Alexander a tumbarse con cuidado.
-Aún conservo grimorios de la que solía ser mi antigua orden. -me miró fijamente Lorcan.- Les echaré un vistazo. Tal vez haya algo que nos pueda ayudar.
Asentí.
-Verificaré que Alaida esté en su cama. -finalizó Idalia, subiendo las escaleras junto a él.
-Kimberly. -salí de mis pensamientos para mirar a Cirox quien junto a Mavron y Deimos me aguardaban en la puerta de salida.- ¿Vamos?
Asentí repetidamente, volviendo a observar a Alexander.
-Tranquilo, amigo mío. Te recuperarás. -escuché que le medio susurraba Richard, con cero esperanzas en la voz.- ¿Qué te duele más?
-Los músculos. -sollozó Alexander, intentando incorporarse sin conseguirlo.- Es una sensación desesperante. No aguantaré mucho más.
-No digas eso. -suplicó Jacob, arrodillándose a su lado.- Tú no tienes permiso para abandonarnos, ¿entendido?
Quiso reír pero le salió una tos acompañada de sangre.
Aquello fue lo último que mi vista fue forzada a presenciar ya que abandoné el castillo rápidamente para echar a correr hacia el árbol más próximo.
-¡Kimberly!
Ignoré a Deimos para apoyarme contra un tronco y acto seguido encorvarme, dejando salir la comida de las últimas horas.
Escuché una maldición a mis espaldas para acto seguido sentir unas frías manos apartar el cabello de mi rostro, acariciando a su vez mi espalda. Mis articulaciones temblaron con alteración una vez que terminé de vomitar. La reacción de mi cuerpo mortal no resultó ser agradable para la magia níritri.