91⛥Valhalla

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Narrador Omnisciente.


Cuando pisó la isla, el mar enfureció sus olas.

La escena que se abrió frente a sus dos galaxias oscuras le mantuvo alejado del protagonista durante su entrenamiento.

El terreno estaba desnudo, como si incluso la naturaleza hubiese decidido no intervenir en lo que estaba a punto de ocurrir.

La isla del entrenamiento del comandante celestial era de no más de diez kilómetros de largo, escasa de vegetación y repleta de arena dorada que alzaba siluetas con dos piernas y dos brazos que le atacaban desde distintos puntos. Incrementaban sus sentidos y entrenamiento, mientras él sudaba victoria y deslizaba su espada ferozmente por cada silueta sin fallar ni una sola vez.

El cielo sobre sus cabezas era más una entrada a otra dimensión, con una luz tan agresiva que si no procedías de aquel reino no podrías siquiera alzar la cabeza en su dirección.

Su cabello albino se movía con la brisa que azotaba cada uno de sus músculos debido a sus rápidos movimientos, desatando energías pesadas de elegancia y antiguo poder. Vestía una larga falda blanca con aberturas en cada pierna, y esta misma formaba parte de un chaleco sin mangas adherido a esta que dejaba a la vista sus pronunciados músculos mientras entrenaba. No se detuvo al sentir la presencia de su hermano, pero sí ralentizó sus movimientos.

Deimos, llevando sus manos enfundadas en largos guantes de cuero negro a sus espaldas, procedió a caminar del sur al este sin quitarle ojo de encima.

Su silueta estaba formada por una gran capa de obsidiana, cuyos bordes se disolvían en un encaje rojo gótico tan floral y fino que conjuntaba escalofriantemente con el interior de esta la cual era del mismo color.

Tan carmesí como los labios de su amada después de dejarla sin aliento.

Bajo el manto abierto se encontraba un jubón de brocado blanco, grabado con patrones negros que recordaban a enredaderas peligrosamente espinosas con serpientes bailando entre ellas. La disciplina militar que manaba con las cadenas de oro viejo que decoraban este junto a su cuello creaba una barrera de poderosa nobleza. Completaba su sublime aura con pantalones negros impecables y zapatos del mismo color pero con tacón rojo sangre el cual resplandecía a cada paso.

La belleza de Deimos no era amable: era la de un guerrero que no necesitaba victorias para ser coronado.

El amo había llegado sin prisa, con esa manera suya de ocupar el espacio antes incluso de pisarlo, como si el aire tuviera que abrirse para dejarlo pasar. Continuó caminando en círculos alrededor de su hermano pero disminuyendo el radio de este cada vez.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora