[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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Honor.
¿Qué es el honor?
El honor no es una palabra.
El verdadero honor es el peso de una balanza que sólo se equilibra con sangre.
No es ser bueno, es ser justo. Y a veces lo justo va del mano de la oscuridad.
Si le robas los latidos a mi corazón, tu vida es la moneda de cambio. Y el honor es el silencio que queda después de que la deuda haya sido cobrada en carne.
Entrar al reino del príncipe de la lujuria fue fácil.
Demasiado, diría yo.
Y la razón era simple. Asmodeo era lo suficientemente conocido en el infierno como para que nadie se atreva a provocarle. Su locura podía retar al del mismísimo Loki.
Salvo Goetia, claro está.
Su gigantesca torre negra de numerosos picos afilados teñidos de rojo con ventanales de iglesia manifestando luces púrpura quedó frente a mí. Terminé de escalar la eterna escalera que daba a una plataforma circular a unos kilómetros de dicha torre, la cual probablemente le pertenecía a algún que otro guarda.
Uno que no estaba presente.
Apoyé mis brazos sobre la barrera oscura y el calor de esta me quemó mas no sentí nada. Ya no sentía mucho.
Entrecerré los ojos mientras estudiaba el paisaje de mi alrededor. Un río de agua celestiamente blanca rodeaba toda la torre, con numerosas pirañas azuladas de desencajadas y afiladas mandíbulas saltando por doquier. Una música de violines macabros bañaba el ambiente ya que al frente del castillo se celebraba una fiesta erótica.
Un abismo de lujuria, pecado y cuerpos deformes y humanos teniendo relaciones mientras se alimentaban los unos de los otros. Cuerpos femeninos, masculinos... Y otros realmente confusos. Bebían de su sangre, comían de su carne y se nutrían de sus almas. Eterno placer, oscuridad, pactos y vino ancestral...
En otras circunstancias tal vez me hubiera unido a ellos.
Mi largo cabello fue azotado hacia atrás cuando los violines macabros emitieron un chirrido antes de detenerse ya que el amo del pecado había olido a la princesa lilim. Dejaron paso a un escalofriante silencio.
Asmodeo, manifestándose en su figura humana de omnipotente belleza apareció en el balcón más ancho. Atravesando las cortinas rojas vestía un albornoz de seda negra el cual se encontraba abierto. Su intimidad mientras caminaba se escondía tras la hilera de columnas del balcón. Mis ojos permanecieron fijos en él, incluso después de que imitara mi posición tras revolver su largo y rubio cabello.