105⛥ HIGH MASTERS

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Seis días después.










Era una mala idea.

Una pésima, de hecho.

De brazos cruzados continué contemplando la gigantesca pizarra de la sala de la biblioteca de la mansión. 

Giraba la cabeza de un lado a otro esbozando con mis ojos una sonrisa, analizando nuevamente y detalladamente el caótico planteamiento en el que había estado inmersa todos estos días. 

Terminé de escribir algunas anotaciones en un extremo y con una sonrisa de labio inferior mordido abrí la puerta para caminar a paso rápido hacia las escaleras. Drakina dejó de morder una de las cabras de peluche de Alaida en el corredor y comenzó a caminar a mi lado.

Bajé la vista e intercambiamos una rápida mirada en los que acelerábamos divertidamente nuestro caminar. Terminamos corriendo, con ella intentando provocar mi tropiezo y yo esquivándola para bajar las escaleras a gran velocidad.

Terminé saltando cuando me quedaban cuatro escalones, ganándola y provocando un gruñido chillón de fastidio por su parte cuando rodé por la alfombra del vestíbulo con ella enterrando sus garras en mi estómago.

-¡Auch! ¡Serás cabrona! ¡Suéltame! -intenté incorporarme pero mordió el extremo de mi ceñida camisa escotada de color azul oscuro y terminó rasgándola.- ¡Nevan! -grité cuando la pantera salió del salón con rostro somnoliento.

Drakina, con cola erguida y caminar orgulloso, pasó por su lado con un largo pedazo de mi camisa colgando de su boca.

-¡Educa a tu maldita hija! -la señalé, y bajé la vista hacia mi ombligo al aire. 

No supe en ese momento qué me ofendió más. 

El estado de mi camisa o la mirada de Nevan contestándome claramente: ¿Me pides que eduque a mi hija cuando ni tú puedes con la tuya?

-Que te den. -susurré, caminando de espaldas hacia la cocina y sacándole burlonamente el dedo medio. 

Acabé estampando mi cuerpo contra la puerta y abriéndola estruendosamente cuando hizo amago de correr hacia mí. 

Si Nevan te derribaba no se iría complacido con la tela de tus prendas colgando de sus colmillos, sino con alguna que otra extremidad también. 

-¿Qué pasa? -se giró Graciela, batiendo junto a Richard una masa rosada en recipientes redondos de metal. 

Los demás estaban sentados en la mesa, desayuando tostadas con zumos de frutas. 

-¿Qué mierda andas consumiendo estos días? -se giró Jacob en su asiento para mirarme con la boca llena.- ¿Cuánto llevas sin dormir?

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora