[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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Maratón 3/3
-¿Dónde dejaste a la sanguijuela?
Me senté, aceptando el vaso de madera con un líquido similar al agua que me tendió mi madre.
-No hacía falta que lo mandaras en mi busca, papá. -le contesté con la mirada fija en la mesa mientras bebía lentamente.
-Pero nos a sido de gran ayuda. Muchas gracias. -corrigió al instante Lorcan mis palabras.
Bebiendo de su bebida se mantuvo en pie a un lado de la diminuta cueva.
-No sé qué te pasó por la cabeza al buscar aliados para luchar contra Satán.
Coloqué el vaso sobre la mesa con demasiada fuerza.
-¿Que qué se me pasó por la cabeza? -siseé, mirando a mi padre de soslayo.- ¿Tal vez el parar de defraudar a esta familia? ¿Tal vez el querer hacer algo bueno por una maldita vez sin que se me vuelva a menospreciar por ello?
Todo quedó en silencio.
Aún no era capaz de sostenerle la mirada a Samael. No podía.
El recordar la decepción en sus ojos y el cómo me rechazó como hija me seguía quemando más de lo que podría llegar a admitir.
-Antes de ser tan radical tendrías que haber sopesado otras opciones como-
-¡¿Como cuáles?! -bramé estampando mi mano contra la mesa.- ¿Como sentarme a beber té y a negociar? ¡No negociaré con alguien que me ve como rival y amenaza a su poder!
-Suficiente. Silencio. -suspiró Lilith, arrastrando con cuidado la silla a mi lado para colocar sus manos sobre la mía.
Pude sentir cómo al instante la rabia y frustración en mi interior se iban estabilizando.
-Somos conscientes del gran valor que posees por querer recuperar algo que ni siquiera consideras tu hogar. Y sobre todo somos conscientes de que lo haces por nosotros, ¿no, querido?
Samael guardó silencio y desvió la mirada a un lado.
Lilith, tras asesinarle mentalmente, devolvió su atención a mí y colocó varios cabellos sueltos tras mis orejas.
-El peligro es tu combustible, eres mis virtudes reencarnadas. -sonrió con dulzura y orgullo en sus ojos.- Goetia la indomable, encabezando un ejército contra el mismísimo Satán.
-Joder, maldita sea mi caída. ¡Eso suena horrible! ¡¿Nadie más se da cuenta de lo mal que va a acabar esto?!
-¿Qué pasa? ¿Te da miedo luchar o qué? -comenté de manera peligrosa, queriendo darle a probar de su misma medicina.