[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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Un animal.
Así fue como me trataron los siguientes días. ¿O semanas?
El tiempo ya era algo desconocido para mí.
Me asignaron más tarde a una monja de la tercera edad que se encargaba de darme de comer, asearme... y limpiar mis partes. Me impedían siquiera levantarme para orinar por lo que entre lágrimas silenciosas debía de hacérmelo encima si no podía aguantar hasta la siguiente visita de la monja..
La desconocida nunca intercambió charla alguna conmigo. Sólo que, cada vez que me visitaba, me miraba tres segundos antes de cerrar las puertas y susurraba algo en voz baja antes de irse.
De los calambrazos que mi cuerpo había sufrido por las tantas veces en las que por la ira y la ansiedad del pánico me habían dado ataques de gritos y agresivas contracciones corporales, ya ni podía sentir mis extremidades. Aunque también tenía algo que ver el hecho de haber estado sentada incontables horas claro...
El sabor de mi boca era tan asqueroso que cuando me daban de comer lo hacía sin rechistar, con la esperanza de que desapareciera. No sabía las veces que me habían extraído sangre pero los moratones en numerosas partes de mis brazos eran la prueba de que no estaban siendo nada cuidadosos conmigo.
El Papa no había vuelto a visitarme pero sí sus obispos, con los cuales sólo abría la boca para maldecirles.
Las goteras del techo habían aumentado. Ahora estaban cayendo a menos de un metro de mí. El olor a humedad al menos amortiguaba el de mi cuerpo por lo que aquello era algo que agradecía. Desde la alucinación con Tracy había tenido bastantes más con seres deconocidos, lugares que jamás había pisado y por supuesto con él... No había una alucinación en la que su oscura y hermosa mirada no me clavara veinte dagas en el corazón. A veces intentaba luchar contra la inconsciencia por ello mismo...
Para huir de él.
Un cardenal se encontraba extrayendo cuidadosamente la sangre negra de mi brazo izquierdo y con cierta burla alzó las cejas ante mi mirada perdida en él. El poco alivio que me quedaba era fantasear con extraer el maldito esqueleto de su cuerpo.
-Si le sirve de consuelo, lilim, está sirviendo para una gran causa. -me guiñó un ojo, sonriendo con dientes amarillentos y llenos de sarro.
Observé cómo retiraba la aguja tras extraer cinco tubos medianos y parpadeando con lentitud inspiré hondo.
-Tu Dios me dio la existencia. Y una vez más sacrificaréis algo divino para vuestros propios intereses.
Mi voz era casi irreconocible pero la piel del cuello se le puso de gallina.