[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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-¿Peso mucho?
-No te preocupes. Pesan más mis sentimientos por ti.
Subida a sus espaldas sonreí de oreja a oreja mientras le abrazaba con fuerza y chocaba mi mejilla contra la suya.
Andábamos bajo el cielo nocturno con total serenidad, cruzando el largo camino de piedras blancas que llevaba a la mansión.
Hundí mi nariz en el cabello de Deimos para inspirar profundamente. Su olor a incienso era mi criptonita.
Y sus hoyuelos. Y su carcajada cuando reía ampliamente... Y todo lo que tenía que ver con su lado de luz y de oscuridad.
Sus manos sujetaban mis gemelos y de vez en cuando al escuchar mis suspiros debido a mis imparables pensamientos de adoración a él, dejaba leves caricias circulares con sus dedos pulgares que me sacaban más suspiros y oraciones prohibidas para nunca volver a alejarnos.
-¿Cuántos días habrán pasado? ¿Crees que Alaida ya esté enterrando a sus tios? -reí por lo bajo cuando extendió su sonrisa de perfectos dientes.
-No lo sé pero más nos vale prepararnos. Siempre que nos vamos unos días nos encontramos con una que otra sorpresa.
Le abracé con más fuerza y cerré los ojos cuando dejó un lento y suave beso justo en la comisura de mi boca.
En ese momento no era la primera lilim en caminar entre humanos. No era princesa infernal ni hija de rey ni reina alguna.
Porque en ese momento era de él.
No poseía ejército de sombras ni hermano alguno. En ese momento tampoco poseía aliados ni enemigos...
Sólo le tení a él y a la maldita sensación. Esa de hacerme sentir completa, era la misma de la que me había enamorado. Y qué bueno el haber vuelto a sentirla después de tanto tiempo.
Sentí que cada batalla, cada lágrima y cada riesgo valía la pena sólo por momentos como ese.
Bajo la luna casi negra alcé su barbilla para dejarle un peligroso rastro de besos en su mandíbula que manifestó un pronunciado hoyuelo al sonreír de lado.
-¿No te parece increíble esto? -murmuré al apoyar mi cabeza junto a la suya.- Hace semanas sólo ideaba maneras de asesinarte. Y ahora míranos.
-¿Asesinarme, señorita? -me pellizcó juguetonamente sin dejar de caminar a lo que le abracé más entre risas.- No hubieras podido conmigo.