[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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Mi regreso a la mansión fue demasiado incómodo internamente.
Pero el reencuentro con Graciela derritió aquello en el instante en que me abrió la puerta.
El echarse a llorar de inmediato me hizo atraerla hacia mi pecho y abrazarla con fuerza. Temblaba exageradamente. Podía ser por la emoción de estar de vuelta o por el hecho de que temía que fuera un espejismo.
-Pensé que ya no estabas entre nosotros.
No veía nada a través de sus gafas empañadas pero aún así comenzó a acariciar mi rostro y cabello mientras sus lágrimas bañaban sus labios agrietados pero perfectamente pintados de rosa.
-Y yo pensé que ya me habías olvidado. -sonreí.
-¿Olvidarme de la bruja más polderosa que a pisado estas tierras? -negó riendo.- Qué cosas dices. -y suspirando sonoradamente volvió a abrazarme.- Lo siento mucho. -susurró en mi oreja, temblorosamente.- Siento lo de la abuela, y lo de Tracy y Alexander.
Parpadeé con rapidez para ahuyentar las lágrimas.
-Lo sé. -me limité a decir.
-Luces diferente. -acarició dramáticamente mis brazos.- Tu mirada...
-Ya no soy sólo lilim, Graciela.
-¿Qué eres, entonces?
-¡Mami! ¡Mami has vuelto!
Sonreí.
-Soy madre. -suspiré acuclillándome para levantar a Alaida en mis brazos.- Hola, monstruito.
Ese apodo pasaría a formar parte de su infancia, estaba segura de ello.
Acarició su nariz con la mía y sorprendentemente comenzó a jugar con mi cabello tras darme un sonoro beso.
-Gracias, mami.
-¿Gracias porqué?
-Por traer a Graciela. Tenías razón. ¡Es muy buena! -abrió exageradamente los ojos, sacándonos una pequeña risa.
-¿Cuándo? -susurró en mi dirección mientras Alaida tarareaba, trenzando algunos mechones de mi pelo.- ¿Cómo?
-Es una larga historia.
-Hay varias, de hecho. -se pronunció una profunda y varonil voz a sus espaldas.
-¡Aquí estás! -exclamó Graciela con emoción, atrayendo la cabeza de Deimos hacia ella para darle un beso en la frente antes de abrazarle con fuerza.- ¡¿Dónde te habías metido?!
-Lo siento. Tenía que encargarme de algo. -contestó abrazándola de vuelta y justo en ese momento alzó su oscura mirada en mi dirección, con una diminuta pero escalofriante sonrisa.