[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
AVISO: COMENTA. VOTA. EL SIGUIENTE CAPÍTULO ESTARÁ DISPONIBLE SÓLO SI LLEGAMOS A LA META SOLICITADA ABAJO.¡HAZ RUIDO!
OBJETIVO PARA SUBIR EL SIGUIENTE CAPITULO: 45VOTOS Y 250 COMENTARIOS
Al atardecer, la naturaleza seguía bañada con esencia de tormenta.
De vez en cuando llovía y cuando se detenía me paraba frente a los ventanales del salón, a la espera de que el primer rayo de sol se manifestara y con él la visita de Miguel.
Me excusé durante casi todo el día con la excusa de necesitar tiempo a solas para investigar, cosa que no era del todo mentira.
Cuando terminé de alistarme frente al espejo de cuerpo entero me adentré en unos divinos zapatos negros de cordones y tacón bajo. Metiendo las manos en los bolsillos del ceñido pantalón corto del mismo color acaricié mis piernas con la vista, cubiertas de medias trasparentes de tonalidad oscura.
Volví a pasar las manos por mi corset negro de seda y dibujos de hiedra floral espinosa, con mangas negras de encaje que terminaban cubriendo mis manos como guantes. Mis dedos, los cuales quedaban libres de la prisión del encaje, acariciaron mi rebelde cabello el cual después de secarse al aire libre había adquirido hermosas y suaves ondas. Relamí mis labios color café oscuro para darme la vuelta elegantemente y salir de la habitación.
-¡Mami!
-Monstruito. -la cogí en el aire cuando corrió en mi dirección.- ¿Cómo han ido las clases con Graciela?
-Aburridas. ¡Quiero aprender magia!
Medio sonreí, frotando mi nariz con la suya en lo que caminaba lentamente hacia las escaleras.
-Aprender a sumar y a restar también es importante.
-¿Para qué?
-Para poder contar a tus futuros enemigos, antes de que acabes con ellos. -le mordí ligeramente el cuello, sacándole gigantescas olas de carcajadas.
Su cabello lucía tan rebelde como el mío y con varias orquillas de estrellas formando un halo alrededor de su cabeza.
Pasé la mano por su vestido blanco de algodón de voluptuosas mangas.
-¿Cuándo volveré a ver a los abuelitos? ¡Tengo un regalo para ellos!
Me detuve.
-¿Ah, sí? ¿Puedo saber qué es?
-¡Sí! ¡Te lo enseñaré! -obligándome a bajarla agarró mi mano para correr en dirección contraria a las escaleras.
Entramos a su llamativa habitación llena de peluches de ángeles, demonios, gatos negros y cabras. Jamás entenderé su amor por estas últimas.